La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha iniciado las obras de emergencia para restaurar los cauces dañados por el gran incendio forestal que asoló este verano la Plana Baixa y la Sierra de Espadán. Con un presupuesto de dos millones de euros, los trabajos han arrancado ya en Artana y se extenderán de forma inminente a los municipios vecinos para prevenir el riesgo de desbordamientos e inundaciones por arrastre de tierras.
El fuego, que se declaró el pasado 25 de julio en la Vall d'Uixó y calcinó unas 9.568 hectáreas, dejó una profunda huella en la red hídrica de la comarca. Según las estimaciones de la CHJ, las llamas afectaron a cerca de 127 kilómetros de dominio público hidráulico, arrasando más de 55 hectáreas de superficie directa de cauces. Tras estas primeras intervenciones sobre el terreno en Artana, las máquinas llegarán en los próximos días a la Vall d’Uixó y la Vilavella, para continuar posteriormente por Betxí, Nules, Alfondeguilla, Tales, Alcudia de Veo, Eslida y Onda.
Riesgo de erosión y taponamientos
El objetivo más urgente de esta intervención es retirar la vegetación muerta de los barrancos y minimizar los riesgos ante posibles episodios de lluvias intensas. La pérdida de suelo y de la cobertura natural, formada principalmente por pinos, matorral, cañas y alcornoques, ha dejado el terreno completamente desprotegido frente a las trombas de agua.
«Tras un incendio de estas características, la pérdida de esa protección incrementa la posibilidad de que, ante fuertes precipitaciones, se produzcan procesos erosivos y una mayor movilización de tierras», advierten desde el Área de Gestión Medioambiental de la CHJ. Las raíces fijan habitualmente el terreno, por lo que su desaparición eleva el peligro de que las cenizas, los sedimentos y los restos vegetales acaben arrastrados por las riadas, provocando obstrucciones peligrosas en puentes y obras de paso.
Para evitar estos bloqueos, los operarios están talando los árboles quemados, priorizando el desbroce y triturado sobre el terreno siempre que la accesibilidad lo permite. Este material vegetal no se desecha, sino que se reutiliza como una capa protectora sobre el suelo en los márgenes de los cauces. Al mismo tiempo, los troncos y las ramas más gruesas se están empleando para construir barreras de contención, como fajinas y empalizadas, unas estructuras que frenarán la fuerza del agua, reducirán la pérdida de tierra fértil y favorecerán la regeneración natural del bosque.








































