La ampliación del puerto de València, la reducción progresiva de los sedimentos del río Turia y la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos amenazan de forma directa la barrera de dunas de l’Albufera. Así lo revela un estudio elaborado por el grupo de investigación GeoCoast de la Universidad Católica de Valencia (UCV), presentado durante el XIII Congreso Internacional sobre Seguimiento y Gestión de Visitantes en Áreas Recreativas y Protegidas.
«En la barrera es fundamental la vigilancia de las dunas y la playa, dada su exposición y vulnerabilidad frente al cambio climático», ha advertido la decana de la Facultad de Veterinaria y Ciencias Experimentales de la institución académica, Ana Blázquez. La experta lamenta que, un año después de alertar sobre la fragilidad de la zona norte del parque natural en el área de Pinedo, no se han producido avances en su fortalecimiento. Por el contrario, las regeneraciones costeras previas siguen perdiendo materiales que acaban sumergidos en el mar tras cada temporal.
Más allá de la protección del litoral, el entorno que exige un rescate más apremiante es la propia laguna. El objetivo prioritario pasa por recuperar la transparencia y la calidad del agua previa a los años setenta, para lo que resulta imprescindible atajar de raíz los vertidos urbanos e industriales. Las instituciones tienen el deber de suprimir estas prácticas y conectar todas las aguas residuales a la red de colectores para su correcta depuración, subraya la investigadora, quien reclama inversiones sustanciales y voluntad política a largo plazo.
Daños irreversibles por la DANA y el futuro del sector arrocero
El ecosistema hídrico del parque también arrastra graves secuelas tras el paso de la riada de 2024. Aunque los trabajos de limpieza han paliado parte de los impactos, los aportes masivos de tierra y contaminantes procedentes de barrancos como el del Poyo han provocado daños irreversibles en el entorno. Destaca especialmente la disminución de la profundidad del vaso de la laguna. «Determinar con mucha resolución la tasa de sedimentación es clave para la gestión a corto y medio plazo», ha explicado Blázquez, quien urge a realizar nuevos estudios batimétricos y rastreos exhaustivos de contaminantes tanto en el agua como en el lecho.
La viabilidad del humedal depende a su vez del frágil equilibrio con la actividad agrícola, duramente golpeada en las últimas campañas. Frente a las quejas de organizaciones como AVA-Asaja, que denuncian pérdidas superiores a los 16 millones de euros por las restricciones ambientales, la experta defiende la compatibilidad entre una agricultura rentable y el respeto a l’Albufera. Sin agricultores no se puede entender el paisaje tradicional, reconoce la decana, apelando a la cooperación entre la administración y los arroceros para adaptar las técnicas de cultivo y buscar alternativas viables y más saludables a las quemas de la paja.
El estudio aborda igualmente la creciente presión humana sobre este espacio protegido. El uso turístico y recreativo de l’Albufera carece de una planificación adecuada y requiere estudios urgentes para medir la capacidad de carga del parque natural. Ante la falta actual de recursos para controlar el volumen de visitantes, los investigadores insisten en la necesidad de destinar más fondos que garanticen la conservación integral y el uso sostenible de este pulmón verde metropolitano.








































