La organización terrorista atentó contra la playa de Gandia y diferentes puntos de la Comunitat Valenciana. La violencia también se cobró la vida de agentes y militares nacidos en Burjassot, Manises y Buñol que prestaban servicio en otros lugares de España.
Este martes 20 de octubre se cumplen 15 años del anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA, una fecha que puso fin a décadas de violencia terrorista y que también tiene una profunda vinculación con la historia de los municipios de la provincia de Valencia.
Aunque los atentados de la organización se concentraron principalmente en el País Vasco y Navarra, sus acciones también alcanzaron las comarcas valencianas. Desde las bombas colocadas en la playa de El Saler durante los años ochenta hasta el coche cargado con 50 kilos de explosivos que sembró el pánico en Gandia en 2001, ETA trasladó su actividad a distintos puntos de la provincia.
La capital valenciana fue escenario de algunos de los ataques más graves, con los asesinatos del directivo de Ferrovial José Edmundo Casañ en 1991, el catedrático Manuel Broseta en 1992 y Josefina Corresa, vecina de Sagunt, en 1995. A ellos se sumaron los numerosos heridos que dejaron las explosiones y las víctimas originarias de municipios valencianos que fueron asesinadas fuera de la Comunitat.
En el conjunto de las tres provincias, ETA cometió 58 atentados y asesinó a nueve personas, según el balance histórico publicado por À Punt. Si se incorporan los agentes y militares valencianos asesinados en otros puntos de España y las víctimas civiles vinculadas al territorio, la cifra documentada alcanza al menos 29 fallecidos, aunque no constituye un censo exhaustivo.
Las primeras bombas en El Saler y el coche bomba que dejó doce heridos en València
La actividad terrorista de ETA alcanzó la provincia de Valencia durante la década de los ochenta, cuando la organización desarrolló diferentes campañas de colocación de explosivos en destinos turísticos del litoral mediterráneo.
Una de las zonas elegidas fue la playa de El Saler, donde se produjeron explosiones en 1984 y 1985. El 1 de mayo de 1985 estallaron dos artefactos de goma-2 en las instalaciones del hotel Sidi Saler, en el marco de una ofensiva que afectó también a municipios turísticos de la provincia de Alicante.
La estrategia pretendía extender el miedo entre visitantes y residentes y afectar a una actividad económica fundamental para el litoral valenciano.
Pero el atentado más grave de aquella etapa en la ciudad de València llegó el 20 de diciembre de 1990, cuando un coche bomba explotó a las ocho de la mañana en el cruce de las calles San Vicente Mártir y Pianista Amparo Iturbi, junto a unas instalaciones militares.
La deflagración alcanzó a un vehículo del Ejército y causó heridas a doce personas, cinco militares y siete civiles.
Entre los heridos se encontraba Francisca Marín Peña, una mujer de 56 años que circulaba en su automóvil por la zona y que perdió ambas piernas como consecuencia de la explosión.
El atentado también provocó numerosos daños en vehículos y fachadas de edificios próximos, en una zona de la capital por la que transitaban numerosos trabajadores a primera hora de la mañana.
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El 4 de marzo de 1991, dos miembros de ETA entraron en las oficinas de la constructora Ferrovial, situadas en la calle Gascó Oliag de València, y asesinaron de un disparo a José Edmundo Casañ Pérez-Serrano.
La víctima era un ingeniero de caminos de 42 años, casado y padre de tres hijos, que ejercía como máximo responsable de Ferrovial en la Comunitat Valenciana.
ETA justificó posteriormente el asesinato por la participación de la empresa en la construcción de la autovía de Leizarán, una infraestructura situada entre Navarra y Guipúzcoa a la que la organización terrorista se oponía.
Menos de un año después, el 15 de enero de 1992, València volvió a conmocionarse con el asesinato del catedrático de Derecho Mercantil Manuel Broseta, una de las figuras más reconocidas del ámbito jurídico y político valenciano.
Broseta fue asesinado de un disparo en la cabeza cuando caminaba por los jardines de la avenida de Blasco Ibáñez, junto a la Facultad de Derecho de la Universitat de València, acompañado por una alumna.
El profesor había sido senador y secretario de Estado para las Autonomías durante el Gobierno de Adolfo Suárez, además de participar en el proceso de desarrollo del Estado autonómico.
Los terroristas huyeron en un automóvil que posteriormente abandonaron cargado de explosivos. El vehículo estalló cuando era examinado por especialistas policiales, causando heridas muy graves al agente José Vicente Martos, que permaneció hospitalizado durante más de dos años.
El asesinato de Broseta provocó una amplia movilización ciudadana y dejó una huella que continúa presente en la ciudad, donde diferentes espacios públicos recuerdan su figura.
Josefina Corresa, la vecina de Sagunt asesinada mientras compraba en València
Uno de los atentados que mayor conmoción causó en las comarcas valencianas se produjo el 16 de diciembre de 1995, cuando ETA hizo estallar una bomba en el centro de El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla, en València, en plena campaña comercial navideña.
La explosión acabó con la vida de Josefina Corresa Huerta, una auxiliar de clínica de 43 años y vecina de Sagunt, que estaba casada y tenía dos hijas.
El atentado causó también varios heridos, entre ellos una de las hijas de la víctima, que sufrió lesiones de gravedad, y su marido.
ETA había advertido previamente de la colocación de artefactos explosivos, pero sin concretar en cuál de los establecimientos comerciales de la cadena se encontraban las bombas.
El asesinato provocó una profunda conmoción en Sagunt, donde Josefina Corresa recibió sepultura entre numerosas muestras de duelo y condena al terrorismo.
El 18 de diciembre, dos días después del atentado, miles de ciudadanos participaron en concentraciones y paros de protesta. En València, alrededor de 2.000 personas guardaron silencio frente al Ayuntamiento, mientras que Sagunt vivió una de las jornadas de mayor consternación por el asesinato de su vecina.

Gandia y la noche de Fallas en la que ETA colocó 50 kilos de explosivos junto al hotel Riviera
La playa de Gandia fue escenario de otro de los episodios más graves de la actividad terrorista de ETA en la provincia de Valencia.
Ocurrió durante la madrugada del 18 de marzo de 2001, en plenas fiestas falleras, cuando la organización colocó un coche bomba cargado con unos 50 kilos de explosivos en la calle La Ràbida, junto al hotel Riviera y a escasos metros del paseo marítimo.
La zona constituía uno de los principales espacios de ocio de la playa, con restaurantes, cafeterías y establecimientos que aquella noche registraban una importante afluencia de público.
Una llamada telefónica realizada en nombre de ETA alertó de la presencia del vehículo y anunció que explotaría a medianoche.
La Policía Nacional y la Policía Local iniciaron inmediatamente un dispositivo de evacuación que permitió desalojar en unos quince minutos a cerca de 200 personas de los establecimientos y edificios situados en las inmediaciones.
El vehículo no llegó a detonar a la hora anunciada. Tras varias horas de tensión, los especialistas del TEDAX provocaron una explosión controlada sobre las cuatro y media de la madrugada.
La deflagración causó enormes destrozos. La onda expansiva dañó las fachadas del hotel Riviera y del edificio de apartamentos Bonaire, afectó a numerosos establecimientos y vehículos y provocó desperfectos en viviendas situadas a varias alturas.
La magnitud de los daños obligó a afrontar importantes trabajos de reparación y afectó al inicio de la temporada turística del hotel Riviera, cuya reapertura estaba prevista para las vacaciones de Semana Santa.
Un año después, los daños provocados por el atentado se estimaban en alrededor de 1,5 millones de euros, mientras numerosos afectados continuaban a la espera de recibir las indemnizaciones prometidas.
No hubo víctimas mortales ni heridos directos por la explosión, pero el coche bomba dejó una profunda impresión en Gandia y evidenció el riesgo que había corrido una zona de ocio con centenares de personas durante una de las noches de mayor actividad de las Fallas.

De Manises a Burjassot y Buñol: los valencianos asesinados por ETA fuera de la Comunitat
La relación de las comarcas valencianas con el terrorismo de ETA no se limita a los atentados cometidos dentro de la provincia.
Durante décadas, numerosos jóvenes nacidos en municipios valencianos ingresaron en la Guardia Civil, la Policía Nacional o las Fuerzas Armadas y fueron destinados a otros territorios de España. Varios de ellos fueron asesinados por ETA mientras prestaban servicio.
Uno de los primeros casos fue el de Antonio García Argente, un guardia civil de 20 años natural de Manises, asesinado el 20 de septiembre de 1980 en la localidad vizcaína de Markina.
El joven había sido destinado temporalmente al País Vasco y se encontraba comiendo en un restaurante junto a otros tres compañeros cuando varios terroristas entraron en el establecimiento y dispararon contra ellos, acabando con la vida de los cuatro agentes.
El 15 de diciembre de 1983 fue asesinado en San Sebastián el policía nacional Eduardo Navarro Cañada, de 27 años, natural de Burjassot, que murió tras recibir un disparo mientras patrullaba por las calles de la ciudad. Estaba casado y tenía dos hijos pequeños.
Tres años después, el 14 de julio de 1986, Burjassot volvió a sufrir las consecuencias del terrorismo con el asesinato del guardia civil Miguel Ángel Cornejo Ros, de 24 años.
El agente falleció junto a otros once compañeros en el atentado con coche bomba perpetrado por ETA en la plaza de la República Dominicana de Madrid. Se había incorporado a la Guardia Civil apenas un año antes.
También Buñol perdió a uno de sus vecinos en un atentado terrorista.
El 16 de enero de 1992, un día después del asesinato de Manuel Broseta en València, ETA mató a tiros en Barcelona al brigada del Ejército de Tierra Virgilio Mas Navarro, de 31 años y natural de Buñol.
Virgilio Mas estaba casado y tenía tres hijos. Había desarrollado su trayectoria profesional en el ámbito de la música militar y llevaba cinco años destinado en Barcelona. Murió junto a su compañero Juan Antonio Querol Queralt, natural de Sant Rafael del Riu, cuando ambos circulaban en automóvil por la ciudad.
Sus restos fueron trasladados a Buñol, donde recibió sepultura.
A estas víctimas se suma el policía nacional José Ángel Garrido Martínez, natural de València, que murió asesinado en Barcelona el 13 de diciembre de 1991, cuando apenas habían transcurrido 17 días desde su boda.
Francisco Tomás y Valiente y Carlos Alonso Palate, otras dos vidas vinculadas a València
La violencia de ETA también acabó con la vida de valencianos que no pertenecían a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Uno de los casos más conocidos fue el de Francisco Tomás y Valiente, nacido en València en 1932 y expresidente del Tribunal Constitucional.
El jurista fue asesinado el 14 de febrero de 1996 en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid, donde ejercía como catedrático. Su muerte provocó una multitudinaria reacción de rechazo al terrorismo y consolidó las movilizaciones ciudadanas simbolizadas por las manos blancas.
Una década después, otro atentado de ETA volvió a golpear a una familia vinculada a las comarcas valencianas.
El 30 de diciembre de 2006, la organización hizo estallar una furgoneta bomba en el aparcamiento de la terminal T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas.
Una de las dos víctimas mortales fue Carlos Alonso Palate, un ciudadano ecuatoriano de 35 años que residía en València y trabajaba en una fábrica de plásticos de Torrent.
Palate llevaba aproximadamente cinco años viviendo en la capital valenciana y había viajado a Madrid acompañando a un amigo que acudía al aeropuerto a recoger a un familiar.
Se encontraba descansando en un automóvil aparcado cuando se produjo la explosión. Su cuerpo fue localizado varios días después entre los escombros del aparcamiento.
Su muerte causó una profunda conmoción en València, donde había construido su vida y desde donde ayudaba económicamente a su familia, residente en Ecuador.
Quince años del final de ETA y el recuerdo de sus víctimas
El anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA, realizado el 20 de octubre de 2011, supuso el final de una etapa marcada por el terrorismo. La organización completaría posteriormente su desarme en 2017 y anunciaría su disolución en 2018.
Quince años después, la memoria de aquellos atentados permanece vinculada a municipios como Gandia, Sagunt, Burjassot, Manises, Buñol o Torrent, además de la ciudad de València.
En algunos casos se trata de explosiones que dejaron edificios destruidos, personas heridas y importantes daños económicos. En otros, de vecinos que nunca regresaron a sus localidades porque fueron asesinados mientras trabajaban o desarrollaban su vida lejos de ellas.
La historia del terrorismo de ETA en la provincia de Valencia es también la historia de esas familias y de unos municipios que, pese a encontrarse lejos del principal escenario de actuación de la organización, sufrieron directamente las consecuencias de su violencia.
Quince años después del anuncio de su final, sus nombres siguen formando parte de la memoria colectiva de las comarcas valencianas.







































