Las calles de Buñol han vuelto a convertirse este miércoles en una auténtica batalla de tomates durante la celebración de la 79ª edición de la Tomatina, una cita declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional que ha reunido a unos 22.000 participantes.
La jornada comenzó temprano con el tradicional almuerzo a base de grandes bocadillos y las habituales escenas de esfuerzo en el poste enjabonado para intentar bajar el pernil (el jamón colgado en lo alto del palo), todo ello entre los manguerazos de agua con los que los vecinos refrescaban a la multitud.
A las 12:00 horas, el estallido de una carcasa pirotécnica dio la señal de inicio a la batalla. Este año se lanzaron más de 150.000 kilos de tomate —30.000 kilos más que en la edición anterior— traídos expresamente desde San Benito (Badajoz). Al tratarse de una variedad cultivada solo para la ocasión, no apta para el consumo por su elevada acidez pero ideal por su piel blanda, los participantes tuvieron que seguir la norma de esclafar (aplastar) la hortaliza antes de dispararla.
Siete camiones avanzaron lentamente por la calle San Luis tras superar el tramo crítico de la empinada cuesta Soriano. Desde arriba, los lanzadores protegidos con arneses repartían tomate a una marea festiva y diversa donde convivían vecinos de la comarca con turistas llegados de Japón, Estados Unidos, Italia o Rumanía, ataviados con gafas de buceo, gorros de piscina y disfraces improvisados. Entre las anécdotas del día figuraron escenas como la de Esperanza, una vecina de 72 años haciendo «el ángel» en mitad del zumo de tomate, mientras la alcaldesa, Virginia Sanz, confirmó que la fiesta solo se vio interrumpida de forma breve por un incidente puntual con gas pimienta que no dejó heridos de gravedad.
Exactamente a las 13:00 horas, el sonido de la segunda carcasa marcó el final obligatorio del lanzamiento. Tras el estallido, las brigadas de limpieza, apoyadas por los propios asistentes y por los manguerazos de los vecinos desde los balcones, se pusieron en marcha para devolver el color original a las fachadas y calles de Buñol mientras los participantes se dirigían a la zona de duchas.
Estas son las mejores fotos de la Tomatina, de Jesús Estellés

















