La Plaça de la Generalitat de La Pobla de Farnals se convirtió este domingo en el escenario del primer encuentro de trueque y moneda social G1 de l’Horta Nord. La iniciativa, organizada por el colectivo G1 Horta Nord, logró reunir 23 puestos diferentes y atrajo a participantes llegados desde diversos puntos de la comarca, el resto de la Comunitat Valenciana e incluso desde Madrid.
Los asistentes pudieron acceder a una amplia variedad de productos y servicios que abarcaban desde frutas y verduras de producción propia y elaboraciones artesanales hasta manualidades, ropa de segunda mano, costura y masajes. Además, una cooperativa de semillas desplazada desde Castellón participó activamente para fomentar el intercambio y la preservación de especies autóctonas.
El evento estuvo coordinado en la comarca por Pedro García, vecino del municipio y exconcejal de la localidad durante ocho años, desde 2015. García detalló que esta jornada supone «una reivindicación de una economía basada en la creación de una comunidad de asistencia colaborativa que huye de la especulación». Por su parte, el concejal de Comercio, Ferran Ortolà, valoró de forma positiva la cita y subrayó el compromiso de la administración local con este tipo de actividades. “Siempre apoyaremos iniciativas basadas en las relaciones que hacen comunidad, que generan red social y pueblo, frente a plataformas que desvertebran y debilitan el comercio de proximidad”, aseguró el responsable municipal.
Una moneda digital que caduca para evitar la especulación
La jornada funcionó como escaparate para divulgar un modelo económico alternativo centrado en el trueque y en el uso de la “juna” (G1), una moneda social que los usuarios gestionan mediante una aplicación digital y un monedero virtual. Este sistema está diseñado para facilitar los intercambios cuando no hay una correspondencia directa de bienes o servicios entre dos personas, aportando flexibilidad a la red. En la práctica, si un usuario quiere adquirir algo pero no tiene un producto que ofrecer a cambio en ese momento, emplea sus junas para cerrar la transacción y equilibrar el sistema. A diferencia del dinero convencional, esta moneda no permite el ahorro ni la acumulación, ya que tiene una vida útil de unos dos años. Si la moneda no se utiliza en ese plazo, termina desapareciendo, lo que incentiva el movimiento constante y bloquea la especulación.
El ingreso a esta red de intercambio se sostiene de manera estricta en la confianza, por lo que cualquier nuevo miembro necesita el aval de otros participantes para poder formar parte de la comunidad. Aunque el encuentro de La Pobla de Farnals fue presencial, el colectivo mantiene su dinamismo habitual a través de herramientas digitales como canales locales de Telegram y la web https://girala.net/es. Este modelo de moneda libre forma parte de un movimiento internacional en plena expansión que cuenta con un fuerte arraigo en Cataluña y el País Vasco, y que está especialmente desarrollado en el sur de Francia, sobre todo en el área de Toulouse. En estas regiones, el uso de la moneda social ya se ha integrado en comercios físicos y operaciones de gran envergadura, donde los miembros han llegado a intercambiar vehículos e inmuebles.
