El patrimonio forestal de la comarca de Requena-Utiel esconde anomalías que desafían el paso del tiempo y las leyes modernas. El último ejemplo se encuentra en el «Proyecto de Ordenación del Monte de Utilidad Pública ‘Sierra Negrete’ de Utiel», un exhaustivo informe técnico redactado por la empresa pública Tragsatec fechado en enero de 2026.
El informe se encuentra ahora expuesto en fase de alegaciones, hasta el 7 de agosto, después de su aprobación inicial por parte del consistorio utielano. Se puede encontrar en la Sede Electrónica de la web del Ayuntamiento de Utiel.
Este documento, promovido por la Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Infraestructuras y Territorio de la Generalitat Valenciana, ha puesto de manifiesto un singular limbo jurídico y patrimonial: un 17,3% de la superficie pública del monte de la Sierra Negrete de Utiel está ocupada por viñedos y frutales privados que explotan la tierra de forma totalmente gratuita. No se trata de una ocupación ilegal reciente, sino del último vestigio vivo de un derecho de origen medieval que ha sobrevivido a deslindes estatales, amojonamientos y hasta a la intervención del Tribunal Supremo.
La radiografía de la anomalía: 1.100 hectáreas de cultivo gratuito
El informe de ordenación forestal especifica que el monte Sierra Negrete cuenta con una superficie pública de 6.389,57 hectáreas. Sin embargo, al desglosar el uso real del suelo, los técnicos han descrito que 1.108,59 hectáreas son terreno agrícola en activo.
| Uso del Suelo en el M.U.P. V095 «Sierra Negrete» | Superficie (ha) | Porcentaje (%) |
| Suelo Forestal Arbolado y Matorral | 5.250,76 | 82,2% |
| Viñedos y Frutales (Uso Agrícola) | 1.108,59 | 17,3% |
| Suelo Inforestal (Vías, ocupaciones, etc.) | 30,22 | 0,5% |
Sobre estas tierras, perfectamente integradas en el paisaje, destacan el viñedo y los frutales no cítricos. Lo verdaderamente llamativo es su encaje administrativo. La memoria técnica expone textualmente que el uso de estas superficies viene determinado por «los antiguos Realengos», funcionando en la actualidad «sin que los titulares de los mismos aporten al titular del monte nada a cambio».
El documento recoge que, de forma paralela, el aprovechamiento de parcelas públicas para labor y siembra ha sido una práctica regulada y rentable para las arcas municipales: hasta el año 2015, el consistorio enajenaba mediante subastas un total de 1.310 hectáreas del monte para este fin. Sin embargo, las 1.108 hectáreas de los «Realengos» han permanecido inmunes a cualquier tipo de tasa o contraprestación económica.
¿Qué es un ‘Realengo’? El origen histórico del limbo
Para entender cómo es posible que se explote un monte público sin pagar canon alguno, es necesario realizar un viaje en el tiempo hacia el Antiguo Régimen:
- La definición original: En la Corona de Castilla, las tierras de «Realengo» eran aquellas que quedaban bajo la jurisdicción directa del Rey, a diferencia de los «Señoríos», controlados por la nobleza o la Iglesia.
- El uso por costumbre: Aunque nominalmente eran propiedad de la Corona, los reyes permitían que los vecinos de las villas reales roturaran parcelas de forma consuetudinaria para subsistir. Con el paso de los siglos, estas ocupaciones agrícolas se consolidaron por el mero uso continuado («derecho de costumbre»), transmitiéndose de padres a hijos.
- El choque del siglo XIX: La colisión con la legislación moderna se inició a mediados del siglo XIX. Con la promulgación de las leyes desamortizadoras y la creación del Catálogo de Montes de Utilidad Pública en 1862, el Estado asumió la titularidad de estos parajes y se los asignó a los ayuntamientos para protegerlos. Sin embargo, al dibujar los límites del monte público, la administración descubrió que en su interior ya existían cientos de hectáreas de viñedos privados consolidados por los antiguos Realengos.
El deslinde de 1929: el intento de fijar las fronteras
Ante la enorme confusión entre qué palmo de terreno era monte público y cuál era viñedo privado, la Administración del Estado decidió intervenir de forma drástica en el siglo XX.
Tras años de mediciones y disputas sobre el plano, el proceso culminó con la aprobación del Deslinde oficial del monte «Sierra Negrete», ratificado por una Orden del Ministerio de Agricultura el 31 de agosto de 1929.
Este deslinde de 1929 es la pieza jurídica clave de la Sierra Negrete, ya que definió legalmente qué era del pueblo de Utiel y qué correspondía a los agricultores. Fue aquí donde nacieron formalmente los llamados «enclavados»: parcelas de propiedad privada que quedaban completamente rodeadas por los terrenos del monte público. De acuerdo con la cartografía digital actual del proyecto, se reconocen 70 enclavados privados que suman una superficie total de 1.187,70 hectáreas en el interior del monte.
El culebrón judicial: El pulso de 1973 y 1980
Fijar las fronteras sobre el papel en 1929 fue relativamente sencillo, pero trasladar esas líneas abstractas a la realidad física de la sierra desató una batalla legal que llegó hasta el Tribunal Supremo.
27 de julio de 1973: tras décadas de retraso, la Administración aprobó el amojonamiento total del monte. Este procedimiento consistía en colocar físicamente hitos de piedra (mojones) sobre el terreno para marcar el perímetro exterior del monte y la frontera de cada uno de los enclavados agrícolas, utilizando como base legal el deslinde de 1929.
Los propietarios de los viñedos y cultivos, al ver las piedras de la administración estrechar el cerco sobre sus tierras, recurrieron la decisión ante la justicia ordinaria. Según consta en el expediente administrativo recogido en el propio plan técnico forestal, el 8 de julio de 1980 el Tribunal Supremo dictó una histórica sentencia que anuló por completo el amojonamiento en todo lo referido a la línea del perímetro exterior con propiedades particulares y al contorno de los enclavados de los Realengos.
El argumento del Tribunal Supremo dictaminó que levantar mojones físicos basándose en un deslinde de enclavados de 1929 (y en un deslinde perimetral exterior aún más antiguo, de 1874) carecía totalmente de validez debido al excesivo tiempo transcurrido sin que esas fronteras se hubieran consolidado o mantenido sobre el terreno. La justicia dio la razón a los agricultores: la desidia de la administración durante cincuenta años legitimaba el uso tradicional de los cultivadores. Únicamente se declaró bien ejecutado y válido el amojonamiento de las líneas que separaban el término municipal de Utiel de sus municipios vecinos: Sinarcas, Benagéber, Chelva y Requena.
El futuro de la Sierra Negrete: el bosque frena la expansión agrícola
¿En qué situación queda la Sierra Negrete? Los ingenieros forestales advierten que el uso agrícola dentro del monte catalogado «presenta problemas para la persistencia, estabilidad, sostenimiento de rentas y máximo de utilidades actuales de los sistemas forestales».
Para proteger el entorno natural, la nueva planificación impone un estricto «congelamiento» de la situación. El texto normativo determina que la actividad agrícola «se realiza únicamente sobre superficies ya roturadas en el pasado» y advierte a los titulares de los Realengos que el marco donde se desarrollan las parcelas «tampoco puede ser ampliado». Ni un solo pino más debería ser talado para plantar viñas.
A pesar de esto, la perspectiva histórica demuestra que la propia naturaleza está ganando la batalla a largo plazo. Al contrastar las imágenes aéreas, el proyecto describe que en la ortofoto de 1956 los cultivos agrícolas presentaban una extensión masiva dentro del monte. Sin embargo, al revisar las ortofotos de 2002, 2012 y 2024, los técnicos constatan que «la vegetación forestal ha ido ganando espacio progresivamente a los cultivos agrícolas». El abandono de las tierras menos productivas ha permitido que el bosque de la Sierra Negrete engulla de forma natural los antiguos campos, reduciendo el terreno de aquellos históricos e impertérritos Realengos.
