La central nuclear de Cofrentes no solo seguirá siendo un punto clave del mapa energético valenciano hasta su cierre definitivo, previsto para el 30 de noviembre de 2030, sino que continuará albergando residuos nucleares durante décadas después de apagar definitivamente su reactor. Así lo establece el Séptimo Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR), aprobado por el Gobierno de España a finales de 2023, que redefine por completo la estrategia nacional de gestión del combustible nuclear gastado.
Cofrentes almacenará sus propios residuos nucleares en el mismo emplazamiento de la central, a través de un sistema de almacenamiento temporal descentralizado que permanecerá operativo hasta que España cuente con un almacén geológico profundo, una instalación definitiva que no se espera antes del año 2073.
Del gran almacén central a una solución por centrales
Durante años, la estrategia nacional pasaba por construir un Almacén Temporal Centralizado (ATC) que concentrara en un único punto los residuos nucleares de todas las centrales españolas. El municipio de Villar de Cañas (Cuenca) fue el emplazamiento elegido para este proyecto, que debía convertirse en una infraestructura clave de la política nuclear española. Fueron varios años de polémicas para elegir el emplazamiento, en unas fechas en las que Zarra pugnó por albergar esta instalación, aunque al final se decidiera que debía estar en el municipio conquense, donde nunca se construirá.
Sin embargo, el ATC nunca llegó a materializarse. Los problemas técnicos, administrativos, judiciales y políticos acabaron paralizando el proyecto, que fue finalmente descartado de forma oficial con la aprobación del nuevo Plan General de Residuos Radiactivos.
Ante la imposibilidad de contar con ese gran almacén común, el Gobierno opta ahora por una solución descentralizada: cada central nuclear gestionará y almacenará sus propios residuos en su propio terreno, incluso una vez haya cesado su actividad.
¿Qué significa un Almacén Temporal Descentralizado?
En el caso de Cofrentes, el modelo elegido es el denominado Almacén Temporal Descentralizado (ATD). Aunque el nombre puede inducir a error, no se trata de un único edificio nuevo, sino de un conjunto de instalaciones que permitirán almacenar el combustible nuclear gastado de forma segura y controlada durante varias décadas.
El núcleo de este sistema es el Almacén Temporal Individualizado (ATI), una instalación ya existente en Cofrentes donde se guardan los residuos en contenedores metálicos especialmente diseñados, blindados y sellados. Estos contenedores se colocan en superficie, sobre plataformas de hormigón, y están pensados para resistir impactos, terremotos, incendios y otros escenarios extremos.
Para adaptarse al nuevo escenario, la central está construyendo un nuevo ATI de mayor capacidad, conocido como ATI-100, que permitirá albergar todo el combustible gastado que se genere durante la vida útil restante de la planta. Las obras ya están en marcha, se prevé que acaben en este 2026, y cuentan con las autorizaciones del Consejo de Seguridad Nuclear.
Pero el ATD va más allá del ATI. El Séptimo Plan de Residuos prevé que, una vez cerrada la central, estas instalaciones se complementen con nuevos sistemas y edificios auxiliares que permitan que el conjunto funcione como una instalación nuclear independiente, aunque el reactor ya no esté operativo.
Residuos que permanecerán décadas en Cofrentes
Este punto es clave para entender el alcance del cambio: aunque la central cierre en 2030, los residuos nucleares permanecerán en Cofrentes durante al menos cuatro décadas más. El calendario oficial sitúa la puesta en marcha del futuro almacén geológico profundo —la solución definitiva— en torno a 2073.
Hasta entonces, el combustible nuclear gastado seguirá custodiado en el emplazamiento de la central, bajo la vigilancia del Consejo de Seguridad Nuclear y con sistemas de seguridad activos de forma permanente.
Desde el punto de vista técnico, las autoridades insisten en que se trata de una solución segura y ampliamente utilizada en otros países, y que los contenedores están diseñados para garantizar el aislamiento del material radiactivo durante largos periodos de tiempo. Desde el punto de vista territorial y social, sin embargo, el cambio implica que Cofrentes asume un papel de almacenamiento de residuos a largo plazo, más allá de su etapa como instalación productora de electricidad.
Un nuevo escenario tras décadas de planificación fallida
La decisión refleja también una realidad que se arrastra desde hace años: España no ha logrado consensuar ni ejecutar una solución centralizada para sus residuos nucleares. El abandono del ATC de Villar de Cañas marca un antes y un después en la política nuclear del país y obliga a replantear la gestión de los residuos ya existentes y los que se generarán hasta el cierre definitivo de las centrales.
En este nuevo escenario, Cofrentes no será una excepción, sino parte de una red de centrales que, tras su cierre, se convertirán en espacios de custodia nuclear de larga duración, a la espera de una solución definitiva que aún está por llegar.