El Consejo Regulador de la Denominación de Origen (DO) Chufa de Valencia ha advertido este martes en Alboraya que el sello oficial es la única garantía fiable para que el consumidor diferencie el producto autóctono del importado. En un encuentro con los medios, la entidad ha alertado del aumento de la chufa extranjera en los supermercados debido al auge de este tubérculo como «superalimento». Esta situación provoca que convivan en los lineales comerciales productos de distinta procedencia sin que los envases aclaren siempre su origen real.
El éxito comercial de la chufa ha disparado en los últimos años la elaboración de harinas, aperitivos y, de forma muy destacada, la horchata. Ante este escenario, dos botellas pueden parecer idénticas en el punto de venta pese a estar fabricadas con materias primas totalmente diferentes. El presidente del Consejo Regulador, Francesc de Borja Espinosa Bayarri, ha alertado de que «el precio no dice nada sobre el origen ni la calidad», señalando que solo el distintivo de la DO certifica de manera objetiva el origen en la huerta valenciana.
Frente a las importaciones, el producto amparado se somete a controles estrictos de calidad. Según ha detallado el técnico de certificación de la DO, José Vicente Ricart Giner, la normativa interna exige unos parámetros muy definidos: un contenido de azúcares igual o superior al 11 %, un 25 % de grasas, un 6,5 % de proteínas, un 25 % de almidón y un 5 % de fibra bruta. Estas exigencias técnicas respaldan al 98 % de la producción cultivada en la zona amparada, que en la última campaña ha alcanzado los 5,15 millones de kilos de chufa fresca recolectada.
Un escudo económico y social para l’Horta Nord
Esta actividad agrícola se concentra en 339 hectáreas distribuidas en 27 municipios de la provincia, con especial arraigo en la comarca de l’Horta Nord en localidades como Alboraya, Almàssera, Meliana, Foios o Burjassot, extendiéndose también a Valencia, Paterna y Sagunt. El vicepresidente del organismo, Antonio Gimeno Juliá, ha subrayado la importancia social de esta red al recordar que «detrás de cada sello hay 240 agricultores, decenas de comercializadoras y elaboradores». En total, la estructura cuenta con tres lavaderos, 24 comercializadoras y 48 elaboradores de horchata, cuatro de carácter industrial y 44 artesanales, junto a una veintena de empresas de productos derivados.
Aunque el mercado absorbe actualmente toda la producción certificada, el sector se enfrenta a amenazas estructurales graves como la falta de relevo generacional, la baja productividad y la proliferación de especies foráneas que reducen los campos de cultivo. Para combatir esta tendencia, el Consejo Regulador promueve estudios científicos orientados a frenar la pérdida de terreno agrícola. Los responsables de la entidad insisten en que elegir el sello oficial ayuda de forma directa a sostener la economía de las familias agricultoras y a conservar el paisaje tradicional valenciano, al tiempo que reclaman a las grandes superficies una distribución transparente y clara en sus estanterías.