La representación del Misteri d’Elx reúne cada mes de agosto en la Basílica de Santa María a una serie de personajes humanos y celestiales encargados de recrear la muerte, Asunción y Coronación de la Virgen. Esta tradición teatral de raíces medievales, dividida tradicionalmente en dos jornadas los días 14 y 15 de agosto, sitúa sobre el escenario terrestre a María, los Apóstoles y los judíos, mientras que desde la cúpula descienden las figuras celestiales para dar vida a una obra emblemática de Elche declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
- La Virgen María, protagonista absoluta del Misteri d’Elx
- El Ángel, el mensajero que desciende del cielo
- San Juan, el discípulo que recibe la palma
- San Pedro, la autoridad entre los Apóstoles
- Los Apóstoles, reunidos milagrosamente alrededor de María
- Santo Tomás, el Apóstol que llega tarde
- Los ángeles del Araceli acompañan la Asunción
- María Salomé y María Jacobe, las acompañantes de la Virgen
- Los judíos y la Judiada, uno de los momentos de mayor tensión
- Dos mundos que se encuentran en Santa María
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Si quieres conocer mejor la historia y los secretos que rodean a esta tradición, descubre 10 curiosidades del Misteri d’Elx que probablemente no conocías, desde sus orígenes medievales hasta el funcionamiento de su espectacular tramoya aérea.
La Virgen María, protagonista absoluta del Misteri d’Elx
Todo el argumento de la obra gira en torno a la Virgen María. Durante la primera jornada, María manifiesta su deseo de reunirse con los Apóstoles antes de morir. Tras la confirmación del Ángel de que su petición será atendida, los discípulos acuden a su lado y ella les encomienda enterrar su cuerpo en el valle de Josafat.
Momento seguido se representa su muerte o Dormición, instante en el que el cantor que interpreta a María se oculta mediante la tramoya bajo el lecho y es sustituido por la imagen yacente de la patrona de Elche, la Virgen de la Asunción. En la segunda jornada, tras colocarse en el sepulcro, el Araceli desciende para simbolizar la unión del alma y el cuerpo, iniciando el ascenso hacia los cielos para ser coronada por la Santísima Trinidad.

El Ángel, el mensajero que desciende del cielo
El Ángel es uno de los elementos visuales más conocidos del drama sacro. Desciende desde la cúpula del templo en la Mangrana, un aparato de la tramoya aérea que se abre en su bajada para mostrar al niño cantor. Como mensajero celestial, entrega a María una palma traída del cielo tras besarla y tocarla con la frente, un ritual que la Virgen reproduce al recibirla. Tras escuchar el deseo de María de ver a los Apóstoles, el Ángel regresa a las alturas confirmando que la petición se cumplirá, sirviendo de nexo entre el espacio terrenal y el aéreo.
San Juan, el discípulo que recibe la palma
San Juan entra al templo vistiendo túnica blanca y portando un libro de pergamino que representa su Evangelio, sorprendido por la fuerza que lo ha conducido hasta allí. Al encontrarse con la Virgen, se abrazan y María le encomienda llevar ante su féretro la palma recibida del Ángel. San Juan se convierte en el guardián de este símbolo y, a diferencia de otros Apóstoles que se arrodillan, permanece de pie sosteniéndola. En la segunda jornada, San Pedro le encarga de nuevo encabezar el séquito fúnebre con la palma y se posiciona entre los primeros en defender el cuerpo de María frente al grupo de judíos.
San Pedro, la autoridad entre los Apóstoles
Representante de la autoridad entre los discípulos, San Pedro hace su primera aparición con unas llaves doradas. La guía oficial establece que este papel debe ser interpretado por un sacerdote. En la segunda jornada, ataviado con alba, estola y capa pluvial, asume el mando en la escena: recoge la palma para entregársela a San Juan y, tras la conversión de los judíos, los bautiza tocando sus cabezas con la palma dorada para sanarlos.

Los Apóstoles, reunidos milagrosamente alrededor de María
Los Apóstoles van llegando al lecho de María, besan sus manos y realizan una genuflexión. En este grupo se integra el Mestre de Capella caracterizado como un personaje más para dirigir los cantos colectivos. Uno de los momentos centrales es el Ternari, donde tres discípulos acceden a la vez por tres entradas distintas tras encontrarse milagrosamente en un cruce de caminos. Entre ellos destaca San Jaime, ataviado con vestimenta de peregrino, capa con conchas, sombrero, báculo y calabaza. Todos rodean a la Virgen, a excepción de un integrante que aún falta.
Santo Tomás, el Apóstol que llega tarde
Santo Tomás no aparece hasta el tramo final de la segunda jornada. La tradición señala que se encontraba predicando en la India, por lo que alcanza la Basílica cuando la Asunción ya ha comenzado. Tras hallar al resto junto al sepulcro, contempla a María ascender rodeada de ángeles, pide perdón por su tardanza y desencadena el desenlace del drama con la bajada de la Santísima Trinidad y la Coronación.
Los ángeles del Araceli acompañan la Asunción
El Araceli es otro de los grandes dispositivos aéreos que desciende desde la cúpula tras la muerte de María. En él viajan varios ángeles, encabezados en el centro por el Ángel Mayor. Durante La Vespra, el Ángel Mayor recoge la pequeña imagen que representa el alma de la Virgen para subirla al cielo. En La Festa, el artefacto realiza el camino inverso transportando el alma hacia el sepulcro, donde se realiza la transformación que permite la posterior ascensión de la Virgen ya resucitada.
María Salomé y María Jacobe, las acompañantes de la Virgen
María Salomé y María Jacobe forman el séquito que acompaña a la protagonista en sus últimos momentos terrenales. Ambas permanecen junto a la Virgen antes de su fallecimiento y forman parte de la comitiva durante el cortejo fúnebre.
Los judíos y la Judiada, uno de los momentos de mayor tensión
Encabezados por el Gran Rabino, los judíos irrumpen en la segunda jornada atraídos por los cantos del funeral con la intención de impedir el entierro. Este episodio, conocido como la Judiada, genera la mayor tensión sobre el escenario. Los Apóstoles defienden el cuerpo de María hasta que uno de los judíos queda paralizado al intentar tocar el féretro. Ante el prodigio, el grupo manifiesta su fe, recibe el bautismo de San Pedro y se suma finalmente al cortejo fúnebre.
Dos mundos que se encuentran en Santa María
La obra transcurre entre dos planos claramente delimitados: la plataforma terrenal donde interactúan María, San Juan, San Pedro, los Apóstoles, las Marías y los judíos, y el espacio celestial en la cúpula, desde donde bajan el Ángel, el Araceli y la Santísima Trinidad. El encuentro entre ambos escenarios articula la narración del tránsito terrenal de María hacia su Asunción y Coronación, consolidando una tradición secular en Elche.