¿Y ahora qué?

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Todos nos hemos hecho alguna vez esta pregunta. Hoy, bien entrado el siglo XXI, me la hago yo cuando lo de escribir libros parece una tarea obsoleta. Las frases sincopadas de las redes sociales, los vídeos, las ediciones digitales de toda clase de asuntos, performances y mensajes parecen haber ocupado su lugar. Las nuevas generaciones de todo tipo de instrumentos, útiles y herramientas ya están aquí y evolucionan a gran velocidad. ¿Habrá alguien aún que escriba una buena historia con una pluma, un lápiz o un bolígrafo? Dejaré la respuesta para más adelante.

De entre las cosas que cambian, lo más notorio sigue siendo, sin embargo, los ciudadanos que pueblan el mundo. Paradójicamente, en eso no hay cambios. Todos morimos y somos sustituidos por otros. Así, por suerte, los asuntos que a unos nos atormentaron, sólo son historia para los que nos suceden. Así es, así debe ser y así será, por mucho que los agoreros y trapisondistas de la memoria histórica quieran anclarnos al pasado como si la vida no tuviera otro amanecer.

El libro que hoy me obliga a estas reflexiones, Melodía de la oscuridad, es la narración de una investigación policíaca. Un thriller que dirían los anglohablantes. Apasionante peripecia que te atrapa con fuerza hasta el final. La sorpresa para mí, que ya era adulto en el último cuarto del siglo pasado, es que uno de los protagonistas es una víctima de ETA y no hay ninguna diatriba o condena emocional. Queda en las nuevas generaciones de españoles el recuerdo, el conocimiento de los hechos y el respeto a las víctimas, pero ha desaparecido el odio, el rencor irreconciliable y el miedo. Y eso que quien escribe este libro pertenece a un colectivo que estaba entre los objetivos de los terroristas. Dejar la ignominia en la Historia  es dar paso a un futuro esperanzador como el sol de la mañana.

El autor

Daniel Fopiani nació en Cádiz en 1990. Lo de Cádiz es una cualidad genética difícil de borrar. Su manera de hablar, de sentir y de mirar la vida con optimismo son marca registrada de la “tacita de plata”. Es algo más que un joven escritor que a los 28 años ya acumula premios literarios de prestigio y que publica regularmente en varias revistas de corte literario. Daniel es Sargento de Infantería de Marina. Es un suboficial de formación militar esmerada. Comandante de un equipo de asalto y abordaje en alta mar. Alguien cuyo empleo le exige poner en riesgo su vida en cada misión. Aquel sobre el que recae la seguridad del barco de guerra en el que navega.

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Pregunta: ¿Cómo nació en ti la pasión por la Literatura?

Daniel: Desde pequeño me recuerdo a mí mismo siempre con un libro entre las manos. Era un niño soñador. A los 15 o 16 años ya escribía relatos breves y cuentos. A los 20 ya publicaba donde podía.

P: ¿Y lo de ser militar?

D: En Cádiz hay una enorme vocación entre los jóvenes por la Armada (Marina). Durante un tiempo compaginé mis estudios de Magisterio con la profesión militar pero cuando aprobé los cursos de suboficial y empezaron las misiones en Oriente Medio y el Mediterráneo tuve que dejarlos.

P: ¿Cómo se escriben novelas en un barco de guerra?

D: La sala de suboficiales no es muy grande. La comparto con otros compañeros. Es nuestro centro de reunión y comedor.  Paso las horas de espera escribiendo sobre una libreta. No tengo muchos ratos libres, pero los aprovecho así. Todo nuestro espacio a bordo es compartido. Luego, en tierra, paso mis notas al ordenador. Es mi primera corrección  pero el momento creativo es con el bolígrafo en la mano. Como cuando era niño.

P: Un asesino múltiple en Cádiz, ¿cómo se te ocurrió?

D: En realidad en Cádiz no hay apenas asesinatos. Casi no se cometen delitos graves. Pero es la ciudad que mejor conozco, sus calles, su museo…, en los sueños siempre circulas por lugares conocidos.

P: ¿Por qué tus policías son la Guardia Civil?

D: Bueno, en España, quien investiga un crimen es el cuerpo policial que primero llega. Recuerdo siempre el museo vigilado por la Guardia Civil.  Su Unidad de Investigación Operativa es enormemente eficiente. He tenido la oportunidad de hablar con ellos y de informarme sobre sus procedimientos.

P: Uno de tus protagonistas es una víctima de ETA pero no haces ninguna referencia a los crímenes del terrorismo. Incluso cuando él protagonista se refiere por primera vez a sus secuelas, habla de un accidente. ¿Por qué?

D: ETA no es el leit motiv de la novela. Sólo quería darle un matiz de verosimilitud a la ceguera sobrevenida del sargento Adriano. La Historia está ahí, las cicatrices también, pero es algo marginal en esta obra.

P: Un investigador ciego…, no deja de ser sorprendente.

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D: Sí. Vivo con riesgo. ¿Cómo es la vida después de un “accidente”? Quise reproducir la vida de un ciego que no siempre lo fue. Para eso me reuní muchas veces con voluntarios de la ONCE. Hacen una labor valiosísima. Imaginé cómo se transforman esas personas que han perdido la vista, cómo sienten, cómo sueñan y, sobre todo, cómo aman y se relacionan con la persona amada.

P: Y el otro protagonista es el perro.

D: Si hay algo fabuloso en la vida de un ciego, es la lealtad y compenetración con su perro guía. He imaginado sus percepciones, su forma de comunicarse y cuidar de su amigo humano. Incluso me he permitido reproducir sus “pensamientos” y “emociones”. Es sorprendente la capacidad del perro para comprender los peligros y situaciones que los rodean, su valentía y su generosidad.

P: Resulta que el asesino es un extranjero. Este dato no es importante ni desvelamos nada de la trama al decirlo. Pero tampoco, como en el caso de ETA, tiene trascendencia en la obra.

D: Exactamente. Creo que la mayoría de los adultos violentos tienen antecedentes de malos tratos familiares. Ojo, no todos los niños que han sufrido malos tratos desarrollan comportamientos violentos, pero sí que creo que casi todos los que lo hacen sufrieron malos tratos. No soy padre aún, ni pretendo dar lecciones a nadie, pero creo que maltratar a un niño no ayuda a su buena educación. Dicho esto, quería dar verosimilitud al comportamiento del asesino. Por eso elegí su origen entre los gitanos rumanos, porque allí el alcoholismo y sus consecuencias en el maltrato familiar son paradigmáticas. De todas formas, en todas partes es lo mismo, la borrachera al anochecer, la paliza a la mujer al llegar a casa y el arrepentimiento y la reconciliación de la mañana siguiente.

P: Tu protagonista está perfectamente descrito. Es difícil aceptar y colocarse en la piel de un personaje con tantas carencias físicas, pero lo consigues. El lector al final está dentro de él sufre y vive su peripecia. ¿Tienes pensado escribir más sobre el tema?

D: Estoy sorprendido hasta yo. Me han escrito ciegos que conocen mi obra a través de los audiolibros de la ONCE. Me han emocionado. Incluso mi editorial, Planeta, me hecho alguna indicación al respecto. Pero tengo que pensármelo. Hay muchas historias que contar y muchas vidas que vivir…en los libros.

La Obra

Título: La Melodía de la Oscuridad

Autor: Daniel Fopiani

Editorial: Espasa (Grupo Planeta)

Género: Novela policíaca, Enero 2019, páginas 269

Un ciego, ex-agente de investigación de la Guardia Civil, es requerido para colaborar en un intrincado caso de asesinatos en Cádiz. Igual que cuando se baja la escalera de un sótano sin un resquicio de luz, iremos entrando poco a poco en la oscuridad de quien nada ve. Mucho después sabremos el motivo de su ceguera. Lo importante es comprender el mundo desde su punto de no-vista. A fe mía que el autor lo consigue. Quedamos atrapados en un mundo agobiante, intenso y cargado de amenazas físicas y emocionales.

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La trama no da un segundo de respiro. Leerán la obra en un tiempo record. Sin descanso. El corazón palpitante por la peripecia y por la cascada de sentimientos del protagonista.

El asesino, cuya vida iremos conociendo página a página, se nos presenta como un ser único, especial, desarraigado como la hoja seca de un árbol arrancada por el viento que cae girando poco a poco al suelo. Y en cada giro, mientras cae, arranca la vida de alguien más sin un ápice de compasión ni sentimientos de culpa. Llegaremos a conocerlo, a sentir como él. Su historia discurre paralela a la del protagonista y no es menos emotiva.

Todos los personajes de la obra nos cautivan. Se convierten en gentes de carne y hueso que palpitan tras las letras. Ninguno nos deja indiferente. Deberíamos ser capaces de mirar así a quienes nos rodean, como lo hace el autor. La vida sería mucho más interesante y más comprometida.

Daniel Fopiani es un joven curioso. Curioso por lo singular. Curioso porque se interesa por conocer el trasfondo, la personalidad y la vida de quienes invita a sus obras. Y los lectores lo agradecemos. No sobra ni una página.

El desenlace es intenso. Doble, triple, fascinante, tenso. Te deja con el corazón palpitando, imaginando, soñando. El autor es compasivo, el asesino no.

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