Últimas funciones de ‘Y la nave, vuelve!’ en Sala Russafa

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El nuevo año arranca en Sala Russafa a ritmo del vaivén del mar con ‘Y la nave, vuelve!’, una producción del teatro y la compañía valenciana Arden que transforma el escenario y el patio de butacas en un barco para trasladar al público a 1870, cuando un grupo de colonos está intentando fundar un nuevo mundo.

Hasta el 10 de enero, con función el Día de Reyes incluida, puede disfrutarse de este espectáculo que ha agotado el aforo permitido durante varias de sus funciones, respetando siempre la distancia de seguridad entre los asientos ocupados, previamente higienizados, y siguiendo un protocolo anti-covid que incluye el uso obligatorio de mascarilla, dispensadores de geles hidroalcohólicos, ventilación del patio de butacas y ordenamiento del tránsito dentro del centro para evitar aglomeraciones.

Chema Cardeña escribe y dirige esta nueva comedia musical y marina, propuesta estrella de la programación navideña del centro cultural, que supone la segunda parte de ‘Y la nave, va?’, aunque puede verse de manera independiente.

Una imagen de ‘Y la nave, vuelve!’.

Siguiendo la estela de los montajes navideños del teatro valenciano, el espectáculo incluye música en directo, con versiones de grandes éxitos del pop rock a cargo de los músicos David Campillos, José Montoro y Johnny B Zero. Temas de Madonna, Queen, Bonney M, Deep Purple o The Beatles hacen avanzar a una alocada puesta en escena, de colorista escenografía y con recursos escénicos capaces de recrear tormentas, amaneceres, mares en calma y el tenso ambiente entre unos personajes en eterno conflicto.

Una divertida caricatura de la sociedad en mitad del océano

La trama de ‘Y la nave, vuelve!’ está ambientada en 1870, cuando un grupo de colonos arriba a una isla en la que se propone fundar una nueva civilización. Pero antes tendrán que guardar una cuarentena, confinados en el barco, ya que una epidemia de fiebre amarilla corre entre los isleños.

Cada personaje representa un estamento social y actúa como tal en la planificación del nuevo mundo, perpetuando los errores del viejo. Por ejemplo, Juan Carlos Garés da vida al juez Solomon,  arbitrario y arribista. El reverendo Jeremías, interpretado por Fran de la Torre, esconde tras su devoción un lado oscuro. Rosa López es la condesa Ekaterina Stovinski, una representación de la frivolidad de los poderes económicos. Mientras que Iria Márquez es Ofelia Coburgo, profesora amante de la cultura, pero tremendamente elitista.

Otro de los personajes es el científico Gideon Galeno, cuyo espíritu investigador y experimental se pasa de rosca. Lo mismo le ocurre a la sufragista Isolda Maeterlink, extrema en su defensa del poder femenino. A este crisol de personajes se une la mirada extrañada de un polizón, encarnado por el bailarín Toni Aparisi, incapaz de entender cómo pueden entenderse todos estos intereses en el nuevo mundo que pretenden fundar los colonos. Y el Capitán Van Der Decken, al que da vida el propio Cardeña y representante del sentido común, trata de llevar a buen puerto esta aventura.

El encierro en el barco durante la cuarentena dará lugar al descubrimiento de la panadería y el ejercicio casero, por parte de algunos pasajeros, mientras que otros encontrarán en el sexo o en la cultura otras maneras de matar el tiempo. Y todos aprovecharán para soñar cómo será la nueva sociedad que construyan, como padres fundadores.

Unos planes en los que el público tiene voz y voto ya que, durante la representación, los espectadores podrán opinar y decidir cómo quieren que avance esta comedia mordaz, que les invita a enfrentarse al espejo para reírse de sí mismos y de la sociedad contemporánea.

Un formato en el que el humor más gamberro y desenfadado parodia temas de actualidad, pero también cuestiones fundamentales con una visión del mundo crítica y divertida, compuesta a partes iguales por la mala leche y la esperanza.

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