Susana Fuster: “El silencio habla muchísimo en los jóvenes”

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Susana Fuster analiza la gestualidad de los adolescentes.

Periodista y máster en comunicación no verbal y detención del engaño, Susana Fuster (Valencia, 1969) acaba de publicar una completa guía (“recetas podría ser también una buena palabra”, indica la autora) sobre las claves para entender e interpretar el lenguaje de los gestos y expresiones corporales de los adolescentes bajo el título de ‘Hijos que callan, gestos que hablan’ (Espasa).

Fuster analiza el mundo gestual de los adolescentes.

La adolescencia es una etapa complica, una gran mayoría de padres con hijos adolescentes se quejan de lo mismo: la falta de comunicación o la incomunicación existente. Por lo visto, ya que hablamos de gestualidad y expresión, los adolescentes están diciendo muchas cosas con su cuerpo y el problema es que no sabemos interpretar lo que comunican su mirada, su voz o incluso el vestuario que llevan y… Susana Fuster, tras un profundo estudio, ha decidido dar “recetas” y claves para conocer el mundo gestual de los jóvenes.

Especialista en el estudio del comportamiento no verbal e inteligencia emocional, la autora explica, y detalla en su obra, la forma correcta de interpretar lo que callan los adolescentes pero que su expresión corporal acaba revelando. ‘Hijos que callan, gestos que hablan’ define a puro verbo (y con unas excelentes ilustraciones) lo que los jóvenes niegan con la palabra.

Pregunta: ¿Podríamos definir también este trabajo como un manual, una guía, un compendió de instrucciones para padres?

Respuesta: Sí, sí, son herramientas útiles para que los padres entiendan y comprendan el lenguaje que sus hijos no manifiestan con la palabra. Creo que recetas podría ser una buena palabra, si es útil para los padres guía o manual, recetas es válida para el objetivo que cumple el libro, ¿no?

P: ¿Los padres deben ponerse al día con respecto a las expresiones de sus hijos o también los adolescentes deben conocer la gestualidad de los padres? Yo, a veces, me considero un adolescente y necesito que reconozcan mis gestos.

Portada del libro.

R: (sonríe) Bueno…, estamos hablando de un tema muy interpersonal y desde ese sentido la podemos extrapolar a un amplio mundo de conversaciones que, necesariamente, no tienen que ver con los hijos pero…, es verdad que en libro reflejo muchas conversaciones y muchos ejemplos entre padres e hijos.

P: Por indicaba lo de la gestualidad de los padres. Creo que los adolescentes son conscientes de ello.

R: Claro, claro. Hay pautas que…, cuando has leído el libro te das cuenta de lo que también estás haciendo tú. Yo creo que esa es la clave. Nos ponen muchas veces en la tesitura de estar uno frente al otro y…, eso está muy bien de cara al adolescente porque quieres conocerlo mejor pero…, también es saber cómo te estás comunicando tú, a nivel no verbal, y si eso te acerca o te aleja a lo que quieres expresar.

P: ¿Cuál es el porcentaje válido de la expresión corporal, o comunicación no verbal, para ser interpretada? Algunos libros hablan de un 70%, otros indican algo más del 50% pero… ¿Cuál es el correcto?

R: Hay muchas falsas creencias y datos erróneos respecto a la comunicación no verbal. Yo en el libro intento, un poco, desmitificarlas. Todo lo que cuento está basado en las más recientes investigaciones científicas. Esto que tú me dices de que un gran porcentaje es de comunicación no verbal y otro menor es de comunicación verbal se ha tomado erróneamente. Es una investigación que se hizo en los años sesenta, por un psicólogo que se llamaba XXXXXX, y…, efectivamente la comunicación no verbal es muy importante pero estos porcentajes no son válidos, sobre todo, cuando hay una incongruencia entre lo que dices y cómo lo dices. Por ejemplo, si yo te estoy diciendo “estoy encantada de hacer esta entrevista contigo” pero tú me ves una cara seria, sufrida, y el cuerpo encorvado, tú dirás “me parece que Susana no está muy contenta”. De ahí salen esos datos y esos porcentajes.

P: Cuando mi hijo era un bebé aprendí muy pronto a reconocer sus gestos y movimientos. Esa lectura me permitió conocer, cuando ya era un adolescente, cómo se encontraba o cómo se sentía, ¿es importante tomar nota desde la infancia de cómo se expresan o se mueven los pequeños?

R: Claro, claro. Es importantísimo, primero, desarrollar nuestra capacidad de observación. Yo siempre digo que hay que empezar a mirar, a ver con otros ojos porque…, cuando miramos las cosas de otra forma, las cosas cambian. Es fundamental lo que tú comentas, saber cómo se compartan habitualmente tu hijo o tu hija porque cualquier cambio que puedas observar puede darte una pista de que algo está sucediéndole. Por eso es importante tener todos estos conceptos claros, hay que ver y desarrollar muchísimo esa capacidad de observación porque…, a veces vamos tan abstraídos en nuestros problemas que no nos paramos a atender a ese adolescente que está junto a nosotros y es necesario dedicarles parte de nuestro tiempo.

P: Digamos que con la adolescencia se va a aprendiendo sobre la marcha, ¿sí?

R: (sonríe) Sí, sí. Digamos que no hay un libro universal de gestos y cada niño es un mundo por eso tienes que saber cómo se comportan habitualmente tu hijo o tu hija y…, ante cualquier variación te puede dar pistas de que algo le ocurre. Imagínate que es un niño que suele gesticular mucho o que tiene unas gestualidades faciales más dulcificadas, y entonces tú empiezas a notar que ese niño ya no gesticula tanto o está más compungido pues…, hay algo que le está afectando. Hay que detectarlo y tirar, suavemente, del hilo sin ser invasivos porque estás en una etapa en la que, muchas veces, los niños se quedan en banda. Hay que tratar de estar pendientes de nuestros hijos a través de sus gestos y reacciones.

P: Respecto a la gestualidad, muchos y muchas adolescentes se expresan a través de los emoticones gracias a los nuevos canales de comunicación, ¿está perdiendo terreno la palabra, el gesto emocional y ganando el símbolo?

R: ¡Ufff! En el caso del adolescente es muy importante. Para ellos son muy importantes las imágenes. Es un poco lo que hablábamos antes. Por una parte está la palabra pero su lenguaje corporal se descontrola mucho, son muy expresivos y por otro lado, a la hora de comunicar sus emociones, hay una carencia de inteligencia emocional y eso lo suplen con lo emoticonos. Cuando quieren comunicar cosas más emocionales siempre tienden a poner una imagen porque para ellos una imagen transmite más que mil palabras y los chats, o los mensajes de texto, conducen a errores y con la imagen queda mucho más claro.

P: Eso significa que todavía están en un aprendizaje sobre cómo gestionar sus emociones.

R: Sí, claro. Es muy importante trabajar la inteligencia emocional y aprender a conocerse y…, ahí los padres, también tenemos una labor vital e importante para hacer. Yo creo que la inteligencia emocional y la comunicación no verbal están muy relacionadas porque, en el fondo, las emociones son fundamentales. Primero es que los adolescentes son un coctel emocional, en su primera etapa: hay cambios físicos, hay cambios hormonales…, hay muchos cambios emocionales y la manera en la que se expresan las emociones es a través del cuerpo. Es así hasta que van aprendiendo a reconocerse  y saber cómo son.

Susana Fuster es periodista y máster en comunicación no verbal y detención del engaño.

P: Creo que hay muchos gestos y comportamientos sociales, tribales, grupales…, en los adolescentes que tiene su origen no ya en la formación de su personalidad sino que llegan desde figuras televisiva, ídolos de la canción o personajes famosos a los que seguir e imitan, ¿no acaba siendo un mercado de la pose y el gesto?

R: Sí, sí, por supuestísimo, pero ten en cuanta también que en esta etapa ellos lo que buscan es mimetizarse con su tribu, con su grupo entonces…, hay un determinado gesto que se pone de moda y que ellos consideran que les ayuda a identificarse con el grupo de amigos pues…, lo van a hacer. Hay gestos que son emblemas. Hay que gestos que, por sí solo, para ellos ya tiene un significado importante. Bueno, también es importante saber que en, en este sentido, hay que dejarlos que se vayan desarrollando y aprendiendo sus formas de expresión.

P: Eso también conlleva a que los padres reconozcan estos gestos, ¿verdad?

R: (sonríe otra vez) Claro, claro. Ya te he dicho que no hay un libro o un diccionario que atrape todos los gestos que utilizan los adolescentes. Cuando te pillan de imprevisto con un gesto nuevo uno se pregunta: “¿qué estará diciendo con este gesto”? Lo mejor es preguntarlo o curiosear un poco sobre sus ídolos. Creo que un aprendizaje para ambas partes.

P: Creo que si preguntamos volvemos al valor de la palabra.

R: Sí, sí, en ese sentido sí pero…, seguro que, independientemente de ello, se están dando pistas a través de sus expresiones faciales o de sus posturas o de sus silencios que…, sin duda te darán mucha información.

P: ¿El silencio también habla en los adolescentes?

R: El silencio habla muchísimo en los jóvenes. Yo siempre digo que el silencio gime detrás una comunicación fundamental. Fíjate que cuando, a veces, solo con una mirada tumbas a tu hijo sin decirle nada, ni una palabra. Otros silencios son necesarios para reflexionar, para pensar qué está ocurriendo ahí. Fíjate si un niño es de los que hablan mucho y lo ves más callado es señal de que algo puede estar sucediendo o…, necesitas el silencio para procesar toda la información que el joven te está dando en ese momento.

P: Abres el libro con una frase de Saint-Exupery y en cada capítulo introduces una comentario de personalidades como Serrat, Rumí, Rilke, Lao Tzé…, que invitan al padre a la madre  a la reflexión y al autoconocimiento, ¿deseabas crear esta motivación?

R: Fíjate que es una parte del libro que me gusta muchísimo. Llevo en mi mano mucho, mucho, mucho, el contenido que hay en el libro y, sobretodo, esas frases con las que inicio cada capítulo. Están muy, muy, en relación con el tema que vamos a hablar y que ya, de por sí, te plantean una serie de preguntas. Me encanta la de Rumi que dice: “Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas”. Creo que es una excelente lección y una excelente manera de afrontar una comunicación.

P: Decía Jorge Guillem: “Yo soy muchos yoes”. Supongo que dentro de cada adolescente hay muchos yoes como hay muchas yoes dentro de Susana y de cada uno, ¿van cambiando el yo a medida que crecemos?

R: (ríe) Sí, dentro de cada uno de nosotros hay muchos y muchas. Creo que dependiendo de la situación y de cada momento dejamos escapar un yo u el otro pero…,  también somos seres sociales y en ese sentido somos más moldeables. En el caso de los adolescentes están buscando esos yoes que no han terminado de encontrar y están ahí, sus yoes están ahí.

P: Susana, mil gracias por atendernos y darnos a conocer esas claves para conocer mejor a los adolescentes. Te deseamos mucho éxito con tu libro.

R: Gracias a vosotros y ha sido un verdadero placer charlar contigo sobre el libro. Un abrazo.

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