Pilar Eyre. A contracorriente

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Hoy entrevistamos a Pilar Eyre, una periodista de sólida formación universitaria, que ha labrado su prestigio contando las cosas con sinceridad y en términos por todos comprensibles. Una mujer cordial a la que podemos encontrar tanto en las sesudas páginas de los periódicos más leídos, como en los más populares platós de televisión.

Tiene publicados una veintena de libros muy bien acogidos por sus lectores. Su éxito se basa en su narrativa, en su capacidad para poner a la Literatura al servicio del mensaje. El lector se abstrae del libro, de la página, de las palabras y se sumerge en la historia. Es algo muy difícil que he aprendido a valorar a lo largo de la lectura de centenares de libros. Detrás, queda el trabajo de investigación y la sagacidad para elegir sus personajes históricos.

El libro que motiva esta entrevista es Carmen, la rebelde, en el que cuenta la historia de Carmen Ruiz Moragas, la actriz que fue el gran amor del Rey Alfonso XIII.

José Carlos Morenilla: repasando tus obras veo que te has convertido en una especialista en la Casa Real española…

Pilar Eyre: Sí. Puede decirse así.

JCM. Pero poniendo el acento en los personajes femeninos. Has descrito la vida de la Reina Sofía, en La soledad de la Reina, y también, a Victoria Eugenia de Battenberg, la que fue esposa de Alfonso XIII, y ahora, nos sorprendes con la historia de esta mujer que fue su amante.

PE: Lo que me llamó la atención de Carmen Ruiz Moragas es que fue amante del Rey durante ocho años, cuando sus otras amantes apenas le duraban unos meses. Me puse a investigar y me encontré con que era un personaje fascinante, una de las mujeres más significativas en la España de la primera mitad del SXX.

JCM: Parece que tenía inquietudes un poco avanzadas a su época.

PE: Sí, por ejemplo, el amor a los animales. Ella fue la artífice de que se creara el primer refugio de animales en Madrid, sobre todo para perros abandonados. Aprovechó que programaron un homenaje al dictador Primo de Rivera y nadie de la nobleza ni de burguesía madrileña quería acudir, así que recurrieron a personas de la alta sociedad y actrices famosas, ella puso como condición la construcción de ese refugio, a lo que se sumaron otras como Raquel Meller, y lo consiguieron.

JCM: ¿Cuando, como en este libro, se recrea un momento histórico, deben respetarse los hechos y la personalidad de los personajes?

PE: Exacto. El trabajo de investigación sirve para que todo lo que yo cuento, aunque no sea verídico, sí sea verosímil y ajustado a la realidad. Yo conozco la historia real de los personajes, sus intereses, sus amigos, qué tipo de lenguaje utilizan, si dicen tacos o no…, con eso yo puedo reconstruir los sucesos y la intimidad reflexiva de esos personajes.

JCM: Parece que el matrimonio del Rey no funcionaba.

PE: La verdad es que el matrimonio de Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia fue algo descabellado. Eran dos personajes que no tenían nada en común ni se quisieron nunca. Él odiaba a su mujer profundamente, y ella sufrió mucho porque era un marido mujeriego que no se recataba. Tenía relaciones con las institutrices de sus hijos y con otras mujeres de su entorno incluidas algunas primas. Para la reina, cuando se fue al exilio, fue una liberación, porque el pueblo español no la quería,  y ella no se integró ni aceptó sus costumbres, no tenía amigas en España y el Rey la humillaba públicamente de forma frecuente. Cuando al fin se fue al exilio dijo: al fin me voy de este piojoso país.

JCM: Y esto, de ser mujeriego, se le disculpaba al Rey, tal vez por ser varón.

PE: Sí, entonces incluso se veía bien que el Rey y los herederos varones de las grandes casas, tuvieran hijos antes del matrimonio. Así, si después no tenía, sabían que el infértil no era él. Incluso le animaban en sus primeras relaciones sexuales. La primera relación del Rey fue con una mujer de la corte y fueron los nobles quienes lo acompañaron hasta la cámara, esperaron fuera y, al terminar, entraron a aplaudirle. Piensa que en el libro en que hablo de la reina Sofía, cuento las amantes que tenía Juan Carlos y, como una exageración,  preguntaba ufanándose a un amigo: ¿Con cuántas mujeres dicen que me he acostado?¿Más de 200? Algunos dicen que mil quinientas, le contesta el amigo, y al Rey le hizo mucha gracia.

Y es que incluso hoy, en esta sociedad machista, estos comportamientos se consideran una hazaña y los maridos pueden vanagloriarse impunemente de haber sido infieles a sus mujeres un montón de veces.

JCM: Esto puede tener su origen en el hecho de que, hasta hace bien poco, las casas reales obligaban a sus herederos a contraer matrimonios de conveniencia, como el del príncipe Carlos de Inglaterra, que todos sabemos cómo acabó.

PE: Sí, exactamente. Sin embargo, el príncipe Felipe se resistió con uñas y dientes a la pretensión de sus padres que pretendían que se casara con una princesa centro-europea feota y de sangre real. Él, sin embargo, siempre eligió sus novias fuera de la aristocracia. Se casó con quien le dio la gana y parecen un matrimonio feliz y unido. Tal vez si se hubiera casado con una princesa  austro-húngara no hubiera resultado igual.

JCM: ¿El episodio de Eva Sannum está superado?

PE: Sí, está olvidado. A la realidad terminamos acostumbrándonos aunque se trate de la familia real. Por eso yo siempre he dicho que los reyes, Sofía y Juan Carlos, deberían divorciarse, en vez de hacer siempre ese paripé de que están juntos, cuando todos sabemos que no se dirigen ni la palabra.

JCM: La dictadura de Primo de Rivera, ¿alargó o precipitó el reinado de Alfonso XIII?

PE: Creo que provocó su caída porque realmente no gustó a nadie. Ni incluso al Ejército. Cuando lo destituyó, España ya era casi ingobernable. Cataluña estaba prácticamente en armas, los anarquistas habían ganado mucha fuerza y no consiguió ni siquiera relanzar la economía porque las grandes fortunas empezaron a sacar el dinero de España.

JCM: La protagonista de tu libro aparece como una mujer liberada y más culta que la media para su época.

PE: Sí, fue una mujer que se esforzó en cambiar su propio destino, en ella hubo una evolución. Ella fue construyéndose a sí misma por el contacto con personajes interesantísimos, como el caballero audaz que era un periodista afamado que siempre la acompañaba, Jacinto Benavente, el mismo Benito Pérez Galdós. Ocultaba su origen como hija sin padre inventándose un pasado aristocrático e imitaba las posturas y movimientos de la reina… hasta el extremo de que el Rey le dijo: oye que yo te quiero por lo que eres no porque parezcas una persona de la corte.

JCM: ¿El Rey le fue leal, mientras estuvo con ella?

PE: Sí, estuvo con ella durante ocho años, incluso le hizo una proposición que ella rechazó y prefirió quedarse en segundo plano, manteniendo su independencia. Una vez le preguntaron cómo era su relación y ella dijo de él que era muy generoso, profundamente desgraciado y que se amaban mucho.

JCM: Con ella tuvo dos hijos, ¿has seguido su pista?

PE: Leandro y María Teresa. A Leandro lo hemos conocido a través de distintos medios de comunicación. Ellos ganaron el litigio para ser considerados hijos de Alfonso XIII y murieron llevando el apellido Borbón. A sus descendientes sé que les hubiera gustado que los entrevistara para documentar este libro pero preferí no hacerlo porque en sus recuerdos la memoria de Carmen estaría muy mistificada. Un personaje histórico pertenece al investigador que lo estudia no a su familia.

JCM: Pero ¿por qué la llamas “la rebelde”?

PE: Porque realmente se rebeló contra muchas cosas de su vida. Primero contra el estigma de su origen de hija ilegítima, después contra su condición de mujer; ella se había casado con un torero famoso, tuvo un episodio de malos tratos y decidió divorciarse, cosa que en aquella cultura solía soportarse; ella, sin embargo, afrontó  el escándalo que salió en todas las revistas de la época. Consiguió que su ex-marido le pasara una pensión. Se cortó el pelo, dejó de llevar corsé, como era muy alta se cortaba los tacones para ir con zapato plano, vivió su vida con el Rey a los ojos de todos e incluso se confesó republicana… en fin pequeñas cosas que ahora no nos parecen importantes pero que entonces eran casi revolucionarias. También porque fue capaz de comportarse con una sexualidad refinada y muy distinta a las costumbres primitivas de su época. Ese fue uno de los motivos por los que mantuvo tan larga relación con el Rey.

JCM: ¿Por qué escribes el libro en primera persona?

PE: Escribir así es una técnica narrativa difícil porque no puedes explicar acontecimientos en los que no estés presente, pero te permite aportar al personaje sentimientos que de otra forma no podrías. Yo, como mujer, me ponía en su lugar y respondía prestándole muchas cosas mías ante las distintas situaciones a las que se enfrentaba. Recuerdos de la infancia, relaciones con sus padres…

JCM: Sin desvelar el contenido del libro el último episodio es especialmente emotivo.

PE: Sí, se convirtió en un personaje popular y lo que cuento en el último episodio está muy documentado. Incluso se publicó un reportaje en la Revista Blanco y Negro.

JCM: Por último, tú que has estudiado a las dos mujeres principales de la vida de Alfonso XIII, con cual te quedas.

PE: Me quedo con Carmen. Victoria Eugenia fue un personaje triste y torturado, al que descubrí investigándolo, importantísimo para la Historia pero Carmen fue una gran sorpresa porque al principio me acerqué a ella por curiosidad, como consecuencia de lo que estudiaba del Rey y la Reina, y apareció como un personaje fascinante en el que quedé atrapada hasta escribir este libro. Y no sólo yo, aún no estaba publicada la obra y la editorial ya me presentó a una productora que quería hacer una serie sobre su vida. Espero que los lectores me den la razón.

 

La obra: Carmen, La Rebelde

Autora: Pilar Eyre

Editorial: Planeta. Barcelona 2018

Género: Novela, 318 páginas

 

Es ésta una novela de marcado carácter histórico. La autora se compromete a respetar la exactitud de aquellos acontecimientos relatados en la novela de los que existan pruebas documentales de que sucedieron de esa forma. Al efecto, incluye una larga lista de fuentes documentales consultadas al final del libro. Dicho esto, en nada se parece ya a esos tratados aburridos de hechos y lugares que suelen ser libros de Historia.

Para empezar, la obra sorprende al lector que encuentra desde la primera página una novela escrita en primera persona. Es la propia protagonista la que nos cuenta su vida.

Nos encontramos ante el relato de una persona sencilla, sincera y apasionada. No es difícil, pues, sentirse involucrado en sus peripecias desde el principio.

A pesar de la redacción de Pilar Eyre parece transparente, sin alardes que separen al lector de la historia que cuenta, sin ni una sola palabra difícil de comprender, su estilo, su Literatura, alcanza una intensidad que, en mi opinión, transciende todo lo que hasta ahora ha escrito.

Rápidamente, el lector se encuentra comprometido con el comportamiento de la protagonista; participa de sus ilusiones, sus miedos, sus ambiciones; establece un vínculo que ya no se romperá hasta el final del libro. En definitiva, se produce esa catarsis en la que el espectador participa intensamente de la obra.

Carmen Ruiz Moragas, la protagonista, fue en verdad un personaje singular y adelantado al momento histórico que le tocó vivir. Una mujer que observaría sin sorpresa nuestro comportamiento un siglo después y aún empujaría para mejorarlo.

Quienes la conozcan a través de esta novela vivirán una aventura apasionante con ella. Para las lectoras, habrá momentos turbadores y destellos de euforia. Para los lectores, un punto de vista sorprendente y emotivo. En ningún caso el relato dejará indiferente.

Con ser importante la relación de la protagonista con el Rey Alfonso XIII, circunstancia que motiva la obra, el peso específico de su personalidad hará que el lector se centre en los avatares de sus sentimientos, de sus penas y alegrías, de sus esperanzas y fracasos, de su historia de amor sin importar que su amante sea el Rey.

En el teatro se producen milagros en cada representación y probablemente Carmen Ruiz Moragas fue uno de ellos: un personaje excelso  que se fugó de una obra para vivir en un mundo que no le correspondía. Tuvo la fortuna y la osadía de tropezar en su vida con Alfonso XIII y, un siglo después, la suerte de que la descubriera Pilar Eyre.

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