Las emociones se contagian

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Alicia Faus, psicóloga especialista en coach.

Otras veces hemos comentado este hecho. Las emociones son como el covid-19: invisibles pero contagiosas.

Todos hemos tenido alguna vez la experiencia de ignorar una llamada telefónica porque al reconocer el número entrante, decidimos que no nos apetece hablar con esa persona porque nos pedirá algo, o porque estará mucho tiempo al teléfono, o porque nos transmitirá algo negativo. Y no contestamos. Sin saber lo que esa persona quiere, anticipamos que va a ser negativo y nos acabará contagiando.

Sin embargo y afortunadamente, lo contrario también sucede. A veces nos llama o nos invita a cenar alguien con quien realmente nos apetece estar. Y, también aquí sin saber de qué nos va a hablar, anticipamos que será positivo y nos hará sentir bien, y tenemos ganas de hacerlo.

En este momento, con la situación de tensión que estamos viviendo y sin las válvulas de escape habituales, es muy posible que se apoderen de nosotros emociones negativas como la ansiedad o el miedo: a enfermar, a perder el trabajo, a perder a un ser querido,.. Y esas emociones negativas, si bien es normal experimentarlas dadas las circunstancias, también está ocurriendo que muchas veces nos contagiamos de ellas, porque buena parte de las conversaciones giran alrededor de este tema. Incluso las redes sociales se encargan de transmitir a la velocidad de la luz, informaciones y noticias que no están contrastadas y que contribuyen a alimentar la alarma social.

¿Qué podemos hacer al respecto? Dosificar la información referente al coronavirus. Por una parte es nuestra obligación estar informados y cumplir con las normas que se vayan imponiendo. Pero por otra parte no hace falta estar buscando noticias nuevas al respecto a cada minuto. Con una vez al día que escuchemos las novedades será suficiente.

Por otra parte es muy importante no creerse todo lo que se dice, especialmente si no proviene de fuentes oficiales. Antes que eso hay que contrastar dicha información con las páginas y teléfonos existentes al efecto. Igualmente importante es tomar conciencia de que no es necesario divulgar la información que recibimos de manera automática, sin ningún tipo de filtro, porque contribuiremos a propagar noticias que seguramente son falsas.

La buena noticia es que también se están dando comportamientos sociales positivos que producen emociones positivas que también se contagian rápidamente y nos hacen ver un rayo de luz al final del túnel: los policías felicitando con sus sirenas a los niños que cumplen años, un bombero tocando su trompeta desde el punto más alto de su grúa de rescate, o los miembros de protección civil bailando en medio de la calle conscientes de que hay mucho ojos observándoles tras las ventanas y ese gesto producirá muchas sonrisas.

Y ¡cómo no! Los aplausos que cada día, a las 20h de la tarde, nos hacen salir a nuestros balcones a dar un homenaje a toda esa gente tan especial que está luchando por nosotros. La emoción que sentimos cada tarde mientras damos esa ovación es como un bálsamo que calma nuestros miedos y nos indica que estamos haciendo lo correcto. Así que animemos a las personas que todavía no están saliendo a que lo hagan. Será bueno para todos.

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