La mediación familiar podría ser obligatoria, ¿sería interesante su aplicación?

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El Anteproyecto de Ley de Impulso de la Mediación, aprobado en enero de 2019, pretende la implantación definitiva de este mecanismo para solucionar los asuntos de derecho de familia

 

En enero de 2021 se cumplirán dos años desde que el Ministerio de Justicia aprobara el Anteproyecto de Ley de Impulso de la mediación familiar. Con esta medida, aún provisional, se establecería la obligatoriedad de acudir a una fase de mediación antes de llevar un proceso de derecho de familia como puede ser una separación, un divorcio o una disputa por la custodia del hijo menor a los tribunales.

La intención principal de este impulso sería liberar de una importante carga de trabajo a los juzgados y de esta manera reducir los tediosos tiempos que caracterizan a las decisiones de la justicia. Actualmente esta mediación extrajudicial se trata como un paso previo a la vía judicial y no siempre las partes muestran especial interés en alcanzar un acuerdo que solucione el litigio. Este hecho ha abierto el debate sobre si su utilidad sería o no interesante en la sociedad española.

En qué consiste la mediación familiar

El abogado José Miguel Casasempere Valls es abogado de familia y trabaja asuntos de esta índole en el despacho Casasempere Abogados, abogados especialistas en derecho de familia en Alicante. Él explica que “los procesos judiciales son fríos y generan mucho más distanciamiento entre los puntos de vista de los padres tras el divorcio”. Esto lo achaca a que “la abogacía tradicional se basa en querer tener la razón y ganar por encima de todo”. Una sensación que “aumenta el dolor que genera la ruptura y provoca que tras un proceso judicial exista mucha más tensión”.

Para los casos donde no existe tal distanciamiento y hay una relación más o menos cordial, el letrado destaca la mediación familiar, cuyo principal beneficio es que “es una herramienta más cálida y humana porque permite que ambos padres expresen sus puntos de vista y centren posturas en lo realmente importante, el beneficio de los hijos en común”.

Además recuerda que uno de los aspectos positivos más reseñables de la mediación familiar es que “aquello que se acuerda con su intervención siempre tiene mayor porcentaje de cumplimiento”. Esto es así porque “lo que se pacta de común acuerdo siempre es cumplido de forma más favorable”.

Y asegura que “realmente los abogados de familia llevamos haciendo mediación muchos años antes de que surgiera esta figura”. Con todo esto concluye que “los acuerdos alcanzados de común acuerdo a través de la mediación no sólo permiten limar asperezas entre las partes, sino que ponen las bases para el entendimiento futuro como padres”.

Esta decisión contrasta notablemente con la que pueda tomar un juez, que es ajeno a la vida de ambas personas y que aún así va a decidir sobre su futuro. Por ello, Casasempere Valls reconoce que “el juzgado es un parche temporal que no permite poner punto y final al conflicto

¿Sería interesante la obligatoriedad de su uso?

Para contestar a esta cuestión, el letrado recuerda que “la provincia de Alicante es pionera en remitir a la mediación familiar”, y a pesar de ello reconoce haber visto continuamente “personas que raramente pasan de la primera entrevista, y eso que ahora es gratuita y sostenida por fondos públicos”.

La reflexión que realiza es que “estamos en un país donde no hay cultura en este tipo de figuras y se trata de imposiciones exportadas de otras culturas, que poco tienen que ver con nuestra sociedad”. Si finalmente se impone la obligatoriedad de la mediación familiar , ese paso previo obligatorio habría que cumplirlo sí o sí, lo que “supondría incrementar los costes en caso de ruptura y demorar en tiempo la solución”.

Por ello, su punto de vista es un tanto reticente ya que “pasaría como en la mayoría de procesos judiciales, donde se exige la conciliación como paso previo a la Interposición del proceso judicial”. A esto añade que “las personas que de verdad quieren alcanzar acuerdos no necesitan que se les obligue a ningún trámite previo de mediación”, puesto que “simplemente hacen por entenderse”. Finalmente, refuerza esta idea afirmando que “ya existen figuras procesales para fomentar acuerdos como la conciliación judicial, cuyo uso es mínimo”. 

 

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