La brecha digital depende de todos

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Brecha digital.

Cuando nos paramos a observar a las personas que nos rodean, a la gran mayoría las podemos ver con algún dispositivo tecnológico que no solamente forma parte de su vida diaria, sino que, en algunos casos, lo consideran esencial o, incluso, “vital” en su día a día. Pero, si nos paramos a pensar realmente, ¿están correctamente integradas en el mundo digital o se trata de una simulación? El hecho de estar todos los días con un “compañero” digital no quiere decir que sepan aprovechar todo el potencial del que disponen, ya sea como ayuda en sus necesidades diarias, laborales o de ocio o como fiel compañero de viaje sin más.

Así pues, debemos plantearnos el alcance del término “Brecha Digital”, no sólo valorando el rango de edad, colectivo o estatus social al que pertenezca el usuario, sino también la finalidad o necesidad de la posesión de un determinado dispositivo o recurso tecnológico. Porque de qué sirve tener acceso a los mejores productos del mercado si, en esencia, no son usados como se deben, tanto con los niveles de seguridad apropiados, como simplemente utilizándolos en los momentos en los que puedan ser realmente útiles.

Pero, no solamente debemos pensar en que el uso de estos recursos tecnológicos es casi siempre inapropiado o improductivo por parte del usuario, sea este un experto o no. Gracias a ellos, se ha conseguido no sólo optimizar el tiempo en las tareas diarias, sino también aumentar la capacidad y eficacia de lo que se quiera hacer en cada momento, pudiendo equiparar dicha reducción de tiempo con las latencias conseguidas con los nuevos sistemas de telecomunicaciones, lo cual ha permitido mejorar nuestra calidad de vida.

Con todo lo anteriormente expuesto, es el momento de reflexionar y darle la importancia merecida a cada uno de los intervinientes en la digitalización de la sociedad y, por ende, responsables de que la “Brecha Digital” se reduzca, siendo las empresas TIC, las entidades gubernamentales y entidades de formación las responsables de darle al usuario final, tanto los recursos demandados, como formarles en el uso correcto de los mismos, amen de acompañarles en su viaje por esta nueva era tecnológica. Esto sólo se conseguirá si se obtiene, por parte dichos usuarios, la implicación y motivación necesarias.

La perspectiva de futuro, teniendo en cuenta toda la infraestructura ya creada, tanto física como virtual, es realmente alentadora, sobre todo, pensando en la cantidad de cosas, que, desde cualquier sitio, podemos hacer ahora gracias, en parte, al amplio acceso a los datos de que disponemos. Y doy fe de ello, dado que escribí estas líneas en distintos momentos y lugares, desde un teléfono móvil, guardando poco a poco la información en la «red» y accediendo a ella cuando fue necesaria. Hace tan sólo unos años esto era inviable o estaba al alcance de muy pocos y ahora lo tenemos normalizado.

Álvaro Piorno Gómez, miembro del COITT

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