Fiódor Dostoyevski y su pasión por la ruleta del casino

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Fiódor Mijáilovich Dostoyevski es considerado como uno de los autores más importantes del siglo XIX. Entre sus obras destaca El jugador (1866), una poderosa novela que abarca los elementos narrativos y psicológicos más representativos del escritor ruso. Esta novela refleja la afición de Dostoyevski por la ruleta durante su estancia en la ciudad alemana de Wiesbaden, representada en el libro como la ciudad imaginaria de Roulettenbourg. El escritor encontró los placeres de los juegos de azar en su recorrido por los balnearios europeos. Un viaje por Europa que inició en el año 1863. Atormentado por la epilepsia y el asma, el ruso se dirigió a París en busca de su amante, Polina Súslova, una joven rusa a la que había conocido en la revista El Tiempo.

El escritor ruso viajó desde Moscú, ciudad en la que había nacido, hasta París para encontrarse con su amante. Durante ese viaje se detuvo en la ciudad balneario de Wiesbaden, cuyos orígenes termales se remontan casi dos mil años atrás, cuando los antiguos pobladores de la villa descubrieron sus populares fuentes. A mediados del siglo XIX, la urbe alemana experimentó una gran transformación coincidiendo con la popularización del termalismo en Centroeuropa. Este territorio termal condicionó su configuración urbana, ya que la construcción de hoteles, mansiones, parques y fuentes convirtieron a la ciudad en un lugar idílico para pasar unas vacaciones.  Dostoyevski pasó varios días en la ciudad, donde una mañana quedó sorprendido por la mesa de la ruleta del casino.

Comenzó jugando un par de monedas por pura diversión y la suerte le sonrió. Según describe el propio autor en una carta a una de sus hermanos: “En Wiesbaden inventé un sistema propio de juego y de inmediato gané 10.000 francos”. Exaltado por la ruleta, Dostoyevski decidió cambiar su sistema a la mañana siguiente. Una decisión errónea, ya que terminó perdiendo dinero. Esa misma noche volvió a aplicar su sistema y ganó de nuevo 3.000 francos. Ese entusiasmo y pasión a la ruleta le llevó a perder todas sus ganancias, pero fue feliz jugando. Las cartas de Polina Súslova desde París le hizo abandonar la ciudad balneario rumbo a la capital francesa.

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Recorrido por los casinos europeos

El escritor y su amante rusa, que era 16 años más joven que él, recorrieron gran parte de la vieja Europa. En esa aventura llegó el desamor, ya que Dostoyevski descubrió que la joven le estaba engañando con un estudiante español. Sin embargo, también descubrió la ciudad de Baden-Baden, considerada la meca del juego del continente europeo por su famoso casino inaugurado en el año 1809. Allí volvió a encontrarse con la ruleta. El autor creía haber encontrardo el sistema de juego definitivo para tener éxito en esa modalidad: “Es de lo más simple y tonto. Únicamente es preciso ser dueño de uno mismo y, sean cuales sean las peripecias de una partida, evitar quemarse”. Sin embargo, tras unas ganancias iniciales llegaron las pérdidas.


Fuente: http://elblogdesirbooks.blogspot.com

La ciudad de Baden-Baden fue la preferida de los aristócratas rusos en el siglo XIX. Algunos construyeron allí mansiones rodeadas de jardines, mientras que otros viajaban a la urbe como destino de sus vacaciones para disfrutar del microcosmos de su balneario o las opciones de ocio presentes en el establecimiento de juego. Durante su estancia en la ciudad, Dostoyevski coincidió con otro escritor ruso, Iván Turguénev, un aristócrata al que terminó pidiendo dinero para saldar sus deudas y seguir jugando a la ruleta. Unas deudas que hicieron que su amante, Polina Súslova, tuviera que vender algunas de sus joyas para hacer frente a esas obligaciones y seguir viajando por Europa. Sin embargo, ambos separaron sus caminos poco después, por lo que el autor decidió regresar a San Petersburgo.

Antes de regresar a Rusia, Dostoyevski realizó una última parada en Hamburgo, ciudad alemana que contaba con una sala dedicada a la ruleta, similar a las plataformas de juego actuales como 888 casino online. El autor jugó durante varios días y volvió a perder su dinero. La suerte le había abandonado, por lo que tuvo que enviar cartas a sus familiares y amigos para conseguir dinero y regresar a su país. Tras recibir algunos fondos, el escritor volvió a San Petersburgo en 1864. Una ciudad que le recibió con el fallecimiento de su esposa enferma, María Dimitrievna, y unos meses después el de su hermano Mijaíl, a quien estaba muy unido. A pesar de estar inmerso en la penuria, la pasión por el juego de la ruleta era superior para el autor, que decidió regresar a Wiesbaden en busca de su suerte.

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Wiesbaden y El jugador

Dostoyevski volvió a la ciudad situada a orillas del Rin para jugar exclusivamente a la modalidad de juego de la que se había enamorado. Un objetivo que se vio interrumpido al poco tiempo al quedarse arruinado. Desesperado y solo, el autor se encerró en su habitación del hotel de Wiesbaden. Allí nació la semilla de su nueva obra, Crimen y castigo. Mientras trabajaba en su novela y abrumado por las deudas, el autor ruso aceptó el encargo de escribir una obra en tiempo récord. Sus amigos le aconsejaron contratar a alguien para que escribiera la obra al dictado. Durante esa búsqueda conoció a Anna Grigorievna, persona que le ayudó a terminar El jugador en apenas tres semanas.

En El jugador, Dostoyevski describió sus experiencias en la mesa de la ruleta. Una modalidad que le acompañó a lo largo de su vida. Sin ir más lejos, poco después se casó con Anna Grigorievna, que se convirtió en su segunda esposa, y decidió hacer un nuevo viaje por Europa, esta vez acompañado de su mujer.  Volvió a visitar Hamburgo y Baden-Baden, donde tentó a la suerte y perdió su dinero en la ruleta. En 1877, el juego quedó prohibido en países como Alemania y Suiza, por lo que el ruso se vio en una situación desesperada al no tener dinero para viajar a Montecarlo, que desde el año 1856 se había convertido en el templo de la ruleta en el continente europeo. Finalmente, Dostoyevski murió en San Petersburgo el 9 de febrero de 1881 a los 59 años.

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