El terrible ‘nublado’ que anegó Requena en 1805

0
445

Con motivo de la exposición “Y el cielo cayó sobre nuestras cabezas”, acerca de fenómenos meteorológicos documentados en Requena y su comarca a partir del siglo XVI, el documento del mes se ha dedicado al “terrible nublado” que cubrió la villa de Requena en el mes de noviembre del año 1805.

El Aluvión o Diluvio, como se conoció en la época, fue una gran tempestad de agua y piedra acompañada de atemorizantes truenos y relámpagos que convirtieron la jornada en un verdadero infierno, según los testimonios orales de la época.

Acta del diluvio de 18 de noviembre de 1805 en Requena

Los episodios de calamitosas lluvias y riadas han sido una constante en la comarca de la Meseta Requena-Utiel, tal y como ha quedado reflejado en su documentación. Ya un documento del mes se dedicó a la trágica noche de Santa Sabina (1728) y a las grandes nevadas de 1729 .

El historiador decimonónico requenense Enrique Herrero y Moral recogió la memoria oral de aquella catástrofe meteorológica del 16 de noviembre de 1805: “aquella noche interminable y aterradora la pasaron nuestros padres sin dejar de oír el trueno y ver el resplandor del relámpago, creyendo que era la última de su vida”.

El cronista utielano Miguel Ballesteros también nos describió la dificultosa situación en la que se encontraba la villa de Utiel ya antes del diluvio con motivo de numerosas epidemias de fiebres y viruela que habían mermado la población, la cual se vió todavía más afectada tras el paso de dicho nublado que inundó la Rambla y arrasó los campos.

A las nueve de la mañana del día dieciocho, al igual que había sucedido en anteriores ocasiones, el Ayuntamiento de Requena se reunió con urgencia para tratar la situación del vecindario tras los daños ocasionados por el diluvio: inundación de barrios, desbordamiento de acequias, inhabilitación de puentes y caminos, destrucción de cosechas, molinos, presas, edificios públicos, personas, ganado… Especialmente grave fue la inundación de la torre del castillo que servía como cárcel, lo que provocó el ahogamiento de su alcaide Benito Sánchez. Durante el segundo pleno que tuvo lugar ese mismo día a las dos de la tarde, dicho alcaide fue sustituido por Pedro Antonio Marzo como alcaide de la Real Cárcel de la villa de Requena. También, tal y como recogen las actas del 21 y 22 de noviembre, severo fue el destrozo del puente de Jalance, muy importante como punto de paso de gentes venidas de Valencia y Castilla. Para reparar dicho puente era necesario gravar a la población, lo que suponía pedir permiso al rey. Lo mismo sucedía a la hora de hacer uso de los caudales públicos (Acta de diciembre de 1805).

De acuerdo con otras actas de noviembre y diciembre de dicho año, otro problema al que tendría que hacer frente la villa de Requena fue el pago de las contribuciones reales en un momento de gran precariedad para la población. En el acta de la tarde del 18 de noviembre, el Ayuntamiento de Requena expresó la imposibilidad de hacer frente al pago de las reales contribuciones, dada la lamentable situación del vecindario tras el paso del aluvión. Por ello, Requena solicitó al rey la exención de dichos pagos en carta de 19 de noviembre de 1805. Sin embargo, el rey no accedió a la petición.

Sabemos que el río Júcar bajó bravo del 14 al 16 de noviembre de 1805, afectando gravemente a la comarca valenciana de La Ribera y especialmente a Alzira (la antigua isla del Júcar) donde el agua alcanzó una altura entre 2,1 y 2,9 metros y derrumbó sesenta y una casas, teniendo que apuntalar más de 200 casas, debido, en parte, a que el aluvión se llevó las maderadas que habían descendido por el río. Incluso la riada modificó la orografía del terreno creando grandes motas de tierra.

Judith Tirado Juanuix

Fuente: Archivo Municipal de Requena /Ayuntamiento de Requena

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here