El otro adelanto electoral

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Gonzalo Guillen

La idea de un posible adelanto electoral en España va tomando forma a marchas forzadas tras la negativa del Congreso de los Diputados de aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado que el Gobierno de Pedro Sánchez presentó ayer ante la Cámara.

El apoyo a las enmiendas a la totalidad de los presupuestos apoyadas tanto por las derechas nacionales como por el PdeCat y ERC han devuelto el proyecto abriendo un escenario de crisis de gobernabilidad cuya solución ya se había deslizado en más de una ocasión por parte de diferentes miembros del ejecutivo; sin ir más lejos la misma ministra de Hacienda ya había advertido días atrás de que el rechazo supondría la convocatoria electoral.

Ahora ya no queda, según todos los indicios, más que esperar a conocer qué fecha eligirá el Presidente Sánchez para esa convocatoria electoral; si se optará por la espera a o bien se adelantan de inmediato a la primavera. Más allá de las opiniones que pueda suscitar la coincidencia en el rechazo de los presupuestos de fuerzas políticas con divergencias tan acentuadas, a día de hoy, llama la atención la crisis que se abre en el país. Y llama la atención por el momento; justo en un punto en el que las derechas, una vez comprobado el éxito de la fórmula experimental puesta en práctica en Andalucía, atraviesan una hora dulce. Con el conflicto catalán abierto en canal en los tribunales por un lado, y con el auge de la extrema derecha de VOX por otro, la derecha española se encuentra cómoda al comprobar que el traslado de la cuestión nacional a la contienda autonómica produce réditos electorales.

Ahora bien, ¿y qué hay de lo nuestro?. ¿Cómo afecta el nuevo escenario al panorama político de la Comunitat Valenciana?.

La legislatura del Botànic se ha caracterizado, entre otras cuestiones, por un transcurrir placentero en términos relativos para sus socios. Enfrente han tenido una oposición parlamentaria compuesta por un lado por la derecha del Partido Popular; un partido en sus horas más bajas, en plena recuperación interna tras el mazazo electoral de 2015 y solventando todavía sus casos de corrupción. Por otro lado se han encontrado a Ciudadanos; una fuerza política con un grupo parlamentario fragmentado, cuya grave crisis interna terminó con el abandono del grupo parlamentario de cuatro diputados que pasaron a formar parte de los autodenominados “Agermanats”. Además cabe destacar que dicha escisión ha mostrado cierta sintonía con el Consell en algunas materias, habiendo respaldado numerosas iniciativas del Gobierno.

Ante este panorama podemos decir que el barco del Botànic transcurría su trayecto a una velocidad de crucero con pocas perturbaciones más allá de algunas conflictividades internas propias de la política del mestizaje. Pese a ellas, nunca llegaron a poner en riesgo el acuerdo más allá del titular fácil que pudo suscitar en algunos momentos. Fue a finales del verano del pasado año cuando se vislumbró el mayor conato de divergencias en el seno del Consell coincidiendo con el momento  cuando sobrevoló con más fuerza la idea de un adelanto electoral en la Comunitat. Un adelanto electoral que propiciara unas elecciones en clave netamente valenciana y que hubiesen sido celebradas en otoño del 2018. El adelanto perseguía, según sus defensores, en primer lugar resaltar el carácter diferencial de nuestra tierra frente al resto del Estado poniendo en valor nuestro carácter de autonomía histórica. Por otro lado, y con un carácter más estratégico, el adelanto suponía una especie de bálsamo que lograse ahuyentar el ruido y el fango de la política nacional (por entonces infinitamente menos crispada que a día de hoy) que se tradujese en una campaña electoral centrada en su objeto natural: las políticas puestas en marcha durante la legislatura del Botànic y los programas de cada partido en clave íntegramente autonómica.

La idea del adelanto electoral se barajó en el seno del Palau de la Generalitat, entre algunos sectores del PSPV y se defendió por parte de estrechos colaboradores del President, Ximo Puig. El amago con su convocatoria siempre encontró enfrente a los otros socios del Botànic. Tanto Compromís como Podemos argumentaban que el adelanto no era pertinente en base a una lógica de confllictividad interna. Para ellos no era necesario porque, por un lado no existía un conflicto real que impidiese la aprobación del presupuesto autonómico, y por otro se decía que aún quedaban importantes leyes por aprobar antes de finalizar la legislatura. Llama la atención, al menos por parte de una fuerza de carácter valencianista como Compromís, que el argumento  de remarcar la singularidad de nuestra tierra frente al Estado no cobrase más peso. Se trataba de una oportunidad de ganar protagonismo frente al Estado con un gesto de marcado carácter federalizante y diferencial. Pero en aquel momento los cálculos electorales situaban al PSPV en un escenario favorable y el adelanto electoral se interpretó en clave demoscópica por parte de los socios del Botànic. Finalmente, y en pro de la estabilidad se aparcó la idea.

Llegado el día de hoy cabe reconocer el acierto que hubiese supuesto rescatar al Botànic del barro de la política nacional y optar por aquel adelanto. El portavoz socialista Manolo Mata ayer volvía a poner sobre la mesa esta idea. Ésta vez  justificaba el adelanto bajo el argumento, más que razonable,  de que sin los Presupuestos Generales del Estado el recorrido que le quedaba a nuestra legislatura era escaso. Una vez más, las reacciones de los portavoces de Compromís y Podemos, Fran Ferri y Antonio Estany fueron en la línea de agotar la legislatura. Seguir estirando la legislatura podría hacer crecer a sus formaciones en detrimento del PSPV en un momento en el que los socialistas no atraviesan su mejor momento. La cuestión es de qué puede servir ese crecimiento  si luego la suma no alcanza para seguir gobernando. A veces resulta más inteligente menguar en el gobierno que crecer en la oposición.

Todo apunta a que los partidos del Botànic llegan tarde a la solución del adelanto electoral valenciano. Ese tren pasó en otoño. El factor de influencia de unas elecciones nacionales será muy elevado de celebrarse antes de las autonómicas. Si bien ahora Sánchez se puede presentar a las elecciones sin el lastre de Catalunya, dependerá mucho de su éxito o su fracaso el impacto que ésto tenga en nuestro territorio. En caso de fracaso puede suponer un tsunami para el Botànic.

A la izquierda entonces sólo le queda el poner toda la carne en el asador y apelar a la movilización ante una derecha que, pese al fracaso de la manifestación de Colón, viene con el viento a favor y la lección bien aprendida en Andalucía.

 

Gonzalo Guillén Tarín

Politólogo

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