El Centre del Carme explora los límites de lo cíborg en la muestra ‘Zoextropía. Lo bello posthumano’

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La exposición transforma el espacio en un laboratorio científico o un museo de ciencias naturales cuyas obras se aproximan a la ciencia ficción o al mundo de la cibernética.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, acompañado por la comisaria de la muestra, María Morata, y la artista Pinar Yoldas, presentó la exposición ‘Zoextropía. Lo bello posthumano’ resultado de la convocatoria V.O. de comisariado del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana.

‘Zoextropía’, que se podrá visitar hasta el 22 de septiembre, propone una selección de prácticas artísticas que se encuentran en la frontera entre ciencia y tecnología, y que abordan los límites entre lo humano y lo no humano, entre lo bello y lo siniestro.

Presentacion de 'Zoextropia'.
Presentacion de ‘Zoextropia’.

La exposición reúne las obras de Marco Donnarumma (Nápoles, 1984), Renaud Marchand, Yvonne Roeb (Frankfurt, 1976), Suzanne Treister (Londres, 1958) Lu Yang (China, 1979), Pinar Yoldas (Turquía, 1979) y Alan Warburton (Escocia, 1980).

‘Zoextropía’ estudia nuevas maneras de pensar las categorías estéticas de lo bello y lo siniestro a través de la producción artística contemporánea y desde el contexto de las recientes filosofías de pensamiento que cuestionan el antropocentrismo.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, ha manifestado que “continuamente recibimos noticias sobre el aumento de las temperaturas, los riesgos asociados al deshielo de los polos, las emisiones de CO2 o los efectos de la actividad industrial en la salud humana. En un momento en el que la contaminación es una preocupación que está a la orden del día esta exposición nos presenta diferentes manifestaciones artísticas que exploran los límites entre ciencia y tecnología para acercarnos nuevas corrientes de pensamiento que imperan en la comunidad artística internacional y las formas de poder de la humanidad sobre el resto de la naturaleza”.

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Según María Morata “este proyecto investiga esta nueva forma de pensamiento, según la cual el poder y la inteligencia pertenecen a toda la materia y no solo a los humanos, de forma que se supera así el antropocentrismo y la centralidad del sujeto del pensamiento occidental. Según esta teoría, todos estamos conectados con una vitalidad independientemente de nuestra forma biológica”.

Rosi Braidotti entiende el concepto de lo posthumano dentro de la práctica de la hibridación, y disloca las diferencias entre humanos, animales, plantas, bacterias y otras especies. Al mismo tiempo, Eugenio Trías en su libro ‘Lo bello y lo siniestro’ (1982) propone un entrelazamiento de las categorías estéticas de lo bello, lo sublime y lo siniestro, en la que esta última es condición y límite de la primera. La armonía serena y equilibrada de lo bello dialoga con la extrañeza inquietante que aparece cuando lo que debería estar oculto se manifiesta, y muestra repentinamente la cara desasosegante de lo hasta ahora percibido como familiar, amable y estable.

Exposición

La exposición transforma el espacio de la sala de exposiciones en una mezcla entre laboratorio científico o museo de ciencias naturales cuyas obras se aproximan a la ciencia ficción, al mundo de la cibernética para crear elementos híbridos, piezas que exploran nuevas formas de vida futuras para cuestionar el modo en el que la humanidad se relaciona con su entorno o simplemente ayudarla a conocerse a sí misma.

Suzanne Treister crea para su obra ‘HFT The Gardener’ un personaje de ficción, un operador algorítmico del mundo de las altas finanzas, Hillel Fischer Traumberg (HTF), que desarrolla una obsesión botánica: fundir su conciencia con inteligencia algorítmica con la ayuda de sustancias psicoactivas a partir de plantas alucinógenas para ver el mundo desde otra perspectiva – la perspectiva algorítmica. El resultado de su trabajo son dieciséis acuarelas de gran belleza que muestran la taxonomía de plantas venenosas y que reflejan la fascinación de Treister por la tradición esotérica, la cibernética y la estética alucinatoria, y las conecta con las fuerzas de poder y su circulación del mundo real.

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Nuevas especies animales poseedoras de órganos para detectar y metabolizar plásticos son imaginadas por Pinar Yoldas como formas de vida posthumanas en la instalación ‘An ecosystem of Excess’. Para ello, desarrolla un diccionario que describe las funciones de los nuevos órganos y los cambios en criaturas existentes.

Lu Yang explora la tecnología digital 3D y la neurociencia para crear un avatar asexual de sí misma y somete su cuerpo a intervenciones físicas y mentales en su video ‘Delusional Mandala’. Lu Yang se interesa por los procesos de pensamiento y sus conexiones con lo místico y lo religioso. Para ello explora el cerebro con su particular estilo visual, basándose en técnicas clínicas existentes, como el posible lugar donde se asienta la consciencia.

Inteligencia artifical

Marco Donnarumma muestra en su instalación ‘Calyx’ las reliquias orgánicas de un ritual tecnoanimista en piezas de pieles creadas por el artista que han sido sometidas a los cortes de un robot protésico de inteligencia artificial (AI). El único objetivo del robot es aprender un ritual conocido como ‘corte de piel’ que se practica en algunas tribus de Papúa-Nueva Guinea, África y Asia oriental, y que persigue la purificación a través del dolor.

La obra de Renaud Marchand presenta los cuerpos químicos de dos amantes: ‘Daniel y Esther’, recogidos en dos tanques de agua y tubos de ensayo que contienen la cantidad exacta de elementos químicos, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno que hacen posible la vida. La pieza se basa en la novela ‘La posibilidad de una isla’ (2016) de Michel Houellebecq en la que la humanidad supera el proceso de la reproducción embrionaria natural, imaginando un futuro en el que los científicos podrán clonar a un ser humano adulto partiendo del ADN de su progenitor.

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Los artefactos atemporales de Yvonne Roeb apelan a los controvertidos debates en el campo de estudio de lo humano-animal y evocan los objetos sagrados y el totemismo. Roeb crea seres de naturaleza y procedencia ambiguas, rodeados de un aura mística y religiosa que no responden a ningún culto concreto y que nos conectan con un nivel de contemplación casi extático. El conjunto de esculturas de Yvonne Roeb abre un mundo de complejas interrelaciones entre materiales que provienen directamente de materias orgánicas o las imitan, y a su vez se entrelazan con piezas sintéticas.

El conocido como el conejito de Standford fue la primera escultura en 3D realizada por ordenador en la Universidad de Standford. Alan Warburton le rinde homenaje en su obra ‘Dust Bunny’. La obra de Warburton se compone de polvo parecido a la angora (altamente tóxico) que se ha recolectado del interior de diez estaciones de trabajo de animación 3D. ‘Dust Bunny’ cuestiona las implicaciones de las imágenes generadas por ordenador (CGI) en el uso de la tecnología para crear espectáculo con la introducción de la presencia de polvo, suciedad y células humanas en la máquina.

En su última sala la exposición cuenta con un espacio de reflexión, un laboratorio de pensamiento titulado ‘Osmotic’ realizado en colaboración con el alumnado del máster Permea de Mediación y Educación del Consorci de Museus y la Universitat de València que se irá nutriendo con las aportaciones del público, con aquellas cuestiones que les evoquen las obras.

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