Cuidado con los libros

0
1294

Esto de escribir sobre libros tiene sus riesgos. No eliges los temas, ni los autores, ni los géneros; que si poesía, novela, teatro, etc… Te dan un libro y te dicen, el miércoles que viene a las 11:10 entrevistas a su autor. Nada más. Y así una semana tras otra. A veces, tres en la semana. Y los autores pretenden que tú lo sepas todo de ellos; que te hayas leído su libro; que les hagas las preguntas adecuadas para que sus lectores encuentren los suficientes argumentos para elegir su libro entre la variopinta oferta que puebla las estanterías y escaparates de la librerías valencianas. Me apasiona y, aunque no lo crean, me sale carísimo porque de algunos autores termino comprándome todas sus obras. Tengo mi casa llena de libros. No tantos como Sánchez Dragó o Pérez Reverte que tienen dos de las bibliotecas privadas más grandes de España, pero tengo muchos. Y me los he leído todos, algunos varias veces.

Hoy entrevisté a Elga Reátegui. Antes de hoy, apenas sabía nada de ella. El libro me lo dieron ayer:125 microrrelatos de media página más o menos. Me he levantado temprano y he hecho mis deberes. Es periodista, nació en Perú, vive hace mucho en Valencia. Terminó sus estudios universitarios allá en los albores de los 90 por lo que espero que transite entre los 40 y 50 años. Por la huella de su trayectoria en la Red parece esforzada e inteligente.

Confieso que dejo para mi viaje en autobús, aparcar en el centro es una tarea imposible, el hojear alguno de sus escritos y entonces… se produce la sorpresa, la quemadura.

Elga Reátegui, es una mujer amable, educada, que habla el castellano sin apenas acento latinoamericano, bueno, más que hablar, lo suyo es un torrente imparable de palabras apasionadas. Yo, que aún me estoy lamiendo las llagas de sus palabras escritas, trato de descubrir a la autora en las palabras habladas. Ella parece no saber muy bien quién es. Cuando se mira al espejo sólo debe intuirlo. Apenas se descubre tras ese rostro eficiente de mujer trabajadora y feliz. Elga forma parte de esa generación latinoamericana que llamamos de los “hijos”. Aquellos cuyos padres creyeron en la revolución, aquellos hijos que vieron la tortura, el sufrimiento y el resultado falaz de las ilusiones revolucionarias.

-¿Qué fue de la revolución que perseguía Ernesto Ché Guevara por las montañas de tu Perú? Le pregunto,

– Todo fue mentira, me contesta, estamos hartos de mesías y de ladrones. Fidel, Chávez y el último Lula. Estamos en la disyuntiva de votar al ladrón nuevo o seguir con el viejo. Tiemblo, después de Evo ¿quién vendrá?

-Has escrito otras novelas y de repente este libro ¿por qué?

– Son cosas mías, cosas que he ido almacenando a través del tiempo. Me las vio mi editor y me dijo, tenemos que hacer un libro.

– Algunos relatos son muy duros…

– Yo, en realidad tengo un alma vieja. Soy de una generación que nació en crisis y en crisis morirá.

– Pareces feliz, ¿puede la gente feliz escribir poesías y cosas así?

– Sí, cuando hablan de otros.

Y Elga, en este libro, nos abre el alma de la otra Elga cuyo corazón nos mira aún desde las montañas del altiplano.

-¿Qué es un microrrelato?

– Puede que hunda sus raíces en el viejo periodismo, cuando había que contar las cosas con las menos palabras posibles. Es como una instantánea de otra historia, cuando sorprendes a los personajes y los congelas. Surge del ansia de rendir homenaje a un suceso, a un sentimiento, a la esencia de una historia. Es el resultado del momento creativo frente a un cuadro vivo o imaginario. Hace falta oficio y experiencia. Además, es un trabajo muy exigente, ves enseguida el error, la palabra disonante, el leve golpe que hace estallar el cristal y que todo se desmorone.

Además, querida Elga, hay que tener el corazón, los sentimientos y el coraje que tú tienes para afrontar la verdad que subyace en el fondo de las cosas y hacerla aflorar con toda la fuerza y la crudeza que esconde.

“El que tenga ojos para ver que vea”. Elga ve, y nosotros con ella.

El Libro

Título: La fugacidad del color

Autora: Elga Reátegui

Editorial: Lastura , Ocaña, 2018 Octubre, 125 microrrelatos

No se dejen engañar por el título, este libro será cualquier cosa menos fugaz. Se trata de relatos breves, a veces, menos de media página, pero intensos, certeros. Es como si te disparan un cartucho de perdigones, algunos se perderán sin hacer blanco pero otros muchos acertarán al alma. Mira el lector como a través de un caleidoscopio esperando ver imágenes coloridas y efímeras, como parece proponer su título y, de repente, los coloridos cristalitos se te clavan en el alma.

Yo leí GOG de Giovanni Papini, y algunos de aquellos breves relatos, casi como estos, me quemaron como gotas de vitriolo cuyas cicatrices aún perduran. Hace cincuenta años de esto que les cuento y hoy, de nuevo, he sentido la misma quemadura. Esta vez será para siempre.

El formato parece diseñado para que puedan ser difundidos por redes sociales, cosa que muchos lectores harán seguro, pero nada hay comparable con la sorpresa que te aguarda al girar la página de un libro. No se lo pierdan, léanlos. No es necesario que esperen nada, Elga les alcanzará de todas formas.

Sólo son ciento veinticinco breves microrrelatos, pero tardarán bastante en acabarlos, algunas veces les costará pasar la página.

Repito lo que les decía al principio de este escrito: Cuidado con los libros.

También te puede interesar:

Los Premios Planeta 2018 en Valencia

Vida, amor, sueños…, y algo más

Milagros Frías, de camino al corazón

Niebla en Tánger

Basta con Vivir, de Carmen Amoraga

Carmen Amoraga presenta su última novela, ‘Basta con vivir’

Premio Planeta en Valencia: Javier Sierra y Cristina López Barrio

El Fuego Invisible, de Javier Sierra

Las aventuras del agente Falcó

Una entrevista sorprendente: Pedro Baños

Pilar Eyre. A contracorriente

Inquietante …

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here