Las aventuras del agente Falcó

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Recomiendo aquí la lectura de dos novelas. FALCÓ y EVA

Autor: Arturo Pérez-Reverte

Está editadas por Alfaguara, la editorial de siempre de este autor, y tienen una extensión aproximada de 400 páginas.

El autor

¿Qué decir de Arturo Pérez-Reverte, miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 2003?

He de destacar sobre cualquier característica, profesional, literaria y humana su valentía. Es valiente. Siempre lo fue.

Terminados sus estudios de periodismo, se atrevió a ejercer su profesión como reportero de guerra. En España contó en La Ley de la Calle, un programa de radio nocturno, los entresijos de la vida delictiva entrevistando a gentes buscadas por la Ley. Fue capaz de despedirse de TVE mandando a tomar morcilla a su director general y amigos. Y nunca “respetó sagrado” ni a nada ni nadie en sus artículos. Y en el patio de colegio en que se ha convertido el mundo del periodismo y la Literatura, ha sabido ganarse el respeto de todos sin someterse ni ser amigo del matón de turno. Por eso, en el casi interminable legajo de sus  reconocimientos, premios y menciones, faltan algunos que otros más dóciles ostentan con muchos menos méritos.

Su segunda característica definitoria es su capacidad de trabajo. Se gana el pan trabajando cada día. Es incansable.  Ama la Lengua Española. Escribe. Mejor que habla. En el universo de la imagen y la palabra hablada, él necesita ver lo que está diciendo. Por eso escribe. Y le gustaría que todos fuéramos capaces de hacerlo con fluidez. Por eso es generoso al trasmitir su pasión por la Literatura. En Castellano, claro. Nunca aceptó de buen grado que las competencias sobre educación se transfiriesen a los gobiernos de las comunidades autónomas.

A lo de valiente y trabajador hay que añadirle otro eje para establecer su tercera dimensión. Es un hombre fiel. Respeta la verdad. Está enamorado de España. De lo que fue. Del nervio esforzado e irreductible de nuestro carácter. Por eso escarba en nuestro pasado reciente o lejano y encuentra. Muestra y nunca falsifica. Sus obras tienen cara y cruz. Sus personajes nunca son del todo buenos, y los malos nunca del todo malos. Hoy, en que la Historia se somete a interpretaciones tendenciosas para que sirvan de soporte a los más variopintos disparates, podemos leer a Pérez-Reverte con la tranquilidad de que respeta la verdad.

Después de centenares de artículos y reportajes y una decena de novelas, en 1996, publica El Capitán Alatriste. Es una obra que firma en su primera edición con su hija, Carlota. En un intento de empujarla al mundo de la Literatura le propone que encuentre un personaje del Siglo de Oro, investigue su vida y él escribirá un relato con esos datos. Así nació el personaje que después se convirtió en el protagonista de una de las series de libros de más vendidos. Incluso se llevó al cine. Probablemente no pensara escribir tantas entregas de tan famoso protagonista, pero sus lectores le pedían y le piden otra más. Que no muera el personaje. Por eso, tal vez, ha decidido crear otra criatura fascinante que le libere de la anterior.

Ahora, con las aventuras del agente Falcó, inicia otra serie de investigación histórica de la mano de un personaje totalmente ficticio esta vez.

Las dos primeras entregas: Falcó y Eva

Pérez-Reverte se adentra sin miedo en las entrañas del espionaje franquista en plena Guerra Civil. Lo trata con la distancia del tiempo transcurrido y la independencia de criterio del que durante muchos años y muchas guerras fue reportero en medio de los conflictos. Desde luego hay que ser valiente para salir airoso de un envite como éste. Se han escrito muchas páginas sobre ese periodo de nuestra Historia. Hay mucho empeño, y hasta una Ley que nos impide olvidarlo. Pero ya han pasado ochenta años y podemos mirar hacia allí como hacia cualquier otro episodio de nuestro pasado. Y eso es lo que hace nuestro autor.

Su personaje es complejo. Héroe y villano. Inteligente y astuto. Leal sólo a sí mismo. Diligente y capaz. Amante deseado. Conquistador intrépido. Alguien que ama la vida que no teme perder en cada esquina. Un intrépido Don Juan reencarnado en la peor de las Españas.

Y a ese protagonista, hijo predilecto de su pluma, le encarga las más arriesgadas y ambiciosas misiones imposibles de nuestra historia.

En su presentación, Falcó, Lorenzo Falcó, que así se llama el protagonista de la serie, debe tratar de conseguir liberar a un famoso detenido de aquella guerra. Es como si alguien encendiera una bombilla en el trastero oscuro y polvoriento de los libros prohibidos. Todos reciben su ración de realidad y sólo nuestro agente sobrevive.

La pluma de Pérez-Reverte es muy ágil y el lector se encuentra atrapado por la acción casi desde el primer párrafo. La personalidad del protagonista sorprende y fascina. La certeza de sus reflexiones; el descaro de sus actitudes; su tenacidad; su falta de respeto a todo lo que se interponga en su misión y su fatalismo para interpretar la historia, conquistan al lector que desde el inicio desea acompañarle en cuantas peripecias emprenda.

Con Alatriste, Pérez-Reverte nos trasladaba a un periodo de nuestra historia demasiado lejano, demasiado académico y, a pesar de su esfuerzo literario, un poco frío.

Al acompañar a Falcó, el lector recorre caminos conocidos, ciudades que recuerda, personajes de los que ya tiene noticias. Es una obra caliente, próxima. Puede que turbadora. Pero una ficción literaria al fin y al cabo. Sin falsificar los hechos, recrea las situaciones. Reconstruye personajes de los que conservamos la mitad de los píxeles. Y la historia no tiene desperdicio.

En Eva, nuestro protagonista, Lorenzo Falcó, se enfrenta a una misión real donde desarrolla toda su personalidad. Sus contradicciones personales, código de conducta, temeridad y atractivo nos conducen en una aventura donde el oro de Moscú y la ciudad de Tánger añaden un entorno emocionante.

Probablemente los lectores abandonarán otro tipo de lecturas y ocupaciones para terminar de leer sus obras, y al acabar, quedarán pendientes a la espera de la siguiente entrega.

Es sorprendente lo poco que se parece este súper-espía español al famoso 007 anglosajón. ¿De verdad somos tan diferentes?

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