Aprendiendo a vivir

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Tres cosas hemos de tener en cuenta para que las horas que pasamos en el trabajo no sean rutinarias ni frustrantes. En primer lugar hemos de crear un espacio de trabajo agradable. El mobiliario, los objetos de decoración, el personalizar la oficina,…, son pequeños detalles que harán que cuando levantemos la vista del ordenador y miremos lo que hay a nuestro alrededor, nos  sintamos bien.

Si se tiene la suerte de trabajar en contacto con la naturaleza, estupendo. Si no es así, hay que intentar acercar la naturaleza al  despacho: un paisaje plasmado en un óleo, una planta encima de la mesa, un rayo de sol que entra por la ventana abierta,….
En segundo lugar hemos de cuidar la relación con los compañeros y crear así un clima agradable. A veces pasamos más tiempo con las personas de la oficina que con la familia y, sin embargo, no los cuidamos de la misma forma. Ser amable y educado, echar una mano al compañero aunque vaya más allá de nuestras competencias, practicar la escucha activa, compartir  dudas y miedos,.. Todas esas cosas contribuirán a crea un clima de trabajo positivo que acabará revirtiendo en nosotros mismos.
Finalmente, y no por ello menos importante, hay que trabajar en aquello que nos apasiona. No deberíamos conformarnos con menos. Resignarse a pasar 8 horas diarias, 5 días a la semana, 11 meses al año, haciendo algo que no nos  gusta, acabará haciéndonos sentir muy desdichados. Si las circunstancias sociales y económicas  actuales nos llevan a tener que aceptar temporalmente un trabajo que no nos llena, no deberíamos perder de vista las oportunidades que vayan saliendo, para cambiar de ocupación lo antes posible. Sólo así podemos conseguir que el lugar de trabajo sea un lugar en el que creces día a día, tanto a nivel personal como profesional. Y ese, es uno de los secretos de la felicidad.

 

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Alicia Faus