Abel Soler presenta en Albaida ‘Enyego d’Ávalos i l’autoria del Curial’

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Enyego d’ávalos, un valenciano de origen castellano que vivía en Nápoles escribió el ‘Curial e Güelfa’.

Abel Soler y la Institució Alfons el Magnànim-Centre Valencià d’Estudis i d’Investigacions presentará el viernes, 29 de marzo de 2019, a las 19.30 horas, en la sala Valcaneda de Albaida el libro Enyego d’Àvalos i l’autoria del Curial, de Abel Soler, publicado por el Magnànim dentro de su colección Estudis Universitaris. En el acto de presentación, juto al autor, intervendrá Vicent Flor, director del Magnànim.

Relevancia de la publicación

Portada de la obra.

A diferencia del Tirant lo Blanc (València 1460-1464), obra –mucho más divulgada– del caballero valenciano Joanot Martorell, el otro gran clásico de las letras medievales catalano-valencianas, el Curial se publicaba como un libro de autor desconocido desde que se descubrió la única copia conocida: un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid. El anonimato suponía un gran obstáculo a la hora de entender una parte sustancial de la novela, que tiene gran relación con la biografía del escritor.

Gracias a los estudios de Júlia Butinyà (UNED) y de Antoni Ferrando (catedrático de la Universitat de València y director de la tesis doctoral de Soler), sabíamos que la novela se había escrito en la Italia de Alfons el Magnànim (el rey que se llevó la capital de la Corona de Aragón de València a Nápoles). El Curial se había redactado en un ambiente influido por el humanismo y, según los filólogos (los lexicógrafos) era la obra de un valenciano (o de alguien con un lenguaje aprendido en València: alqueria, marjal, rabosa, etc.), pero con contactos con Castilla.

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Lo que ha hecho Soler es precisar que el Curial (Nápoles-Milán 1445-1448) fue escrito por Enyego d’Àvalos (1414-1484), un caballero nacido en Castilla, pero criado desde los 7 u 8 años en València, trasladado a Italia en la edad adulta e italianizado culturalmente gracias a haber vivido entre preceptores humanistas. Vista la trayectoria y los intereses lectores de d’Àvalos, se comprende mejor el Curial como una obra de “caballería humanística”, donde el caballero protagonista estudia los clásicos antiguos y es tan bibliófilo como el autor.

Los momentos más significativos de la investigación de Soler

El libro sintetiza también la aventura cultural de un investigador intrépido y perseverante, que ha invertido cinco años (2012-2016) en la investigación: la de buscar al autor del Curial por bibliotecas y archivos de Madrid, València, Barcelona, Milán, Nápoles y otros lugares de Italia. La historia del hallazgo es también ¿cómo no? entre detectivesca y novelable.

Algunos descubrimientos cruciales pueden ser:

Cuando se dio cuenta que, al principio de la obra, repetido en tres ocasiones, el escudo que luce Curial en honor de su prometida es el mismo de la prometida de d’Àvalos.

Descubrir que el desfile de las Artes Liberales estaba “plagiado”, incluyendo faltas de ortografía, de un manual de la corte milanesa de los Visconti, donde d’Àvalos fue cortesano de primera fila (además, el papel del códice de Madrid era el usado por el 1447 a la misma corte de Milán).

Encontrar fragmentos del Curial extraídos de libros que poseía d’Àvalos. O constatar, en la Biblioteca degli Intronati de Siena (Italia), que un libro titulado Llibre de noblesa i cavalleria, mandado a copiar por d’Àvalos, contenía un relato de Boccaccio que condiciona buena parte del argumento del Curial.

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El cúmulo de indicios que hacen atribuible la obra a d’Àvalos, sin alternativa posible (no había ningún catalanófono más en la corte capaz de escribir una obra tal), hace innecesario disponer de un documento donde se exprese explícitamente que es el autor.

“Ahora sería la hora de dedicarle alguna escuela, alguna calle o algún instituto de educación secundaria”, bromea el autor, “a este personaje –más conocido por los historiadores italianos que por los catalanes o valencianos– del “siglo de oro” valenciano en un “dorado exilio napolitano”. Era el “eslabón perdido” de nuestra literatura clásica. Y ahora, por fin, lo hemos encontrado.

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