La Navidad

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Se acercan nuevamente las fiestas Navideñas y, como cada año, las ciudades y pueblos se engalanan para recibirlas: luces, juguetes y mensajes de paz y amor inundan nuestras calles.

Y yo me pregunto, unas fiestas tan esperadas y realmente ¿a quienes hace felices? Los adultos se quejan de que han de tragar con familiares que no soportan; de que se pasan los días  ante la mesa cosa que contribuye a problemas de salud y al aumento de peso; de que han de estrujarse la mente buscando un regalo original que no hay modo de encontrar, con el poco tiempo libre que se tiene para eso; y por si no hubiera bastante, de que se resiente terriblemente la economía familiar que después ha de afrontar la temida cuesta de Enero.

En cuanto a los niños, parece que es mucho más divertido abrir los paquetes que hay bajo el árbol que descubrir lo que hay dentro. Suelen recibir juguetes sofisticados y caros que despiertan su atención por un breve período de tiempo que no suele ir más allá de las dos semanas.

¿Qué pasaría si en vez de móviles, ordenadores y videojuegos, les regalásemos leer más cuentos juntos, una aventura por la montaña en tienda de campaña o montar un laboratorio en el sótano para hacer experimentos todos los sábados?¿Qué pasaría si les regalásemos  el bien más preciado, nuestro tiempo?

Y en cuanto a los adultos, ¿ qué pasaría si llamásemos por teléfono a los familiares lejanos cuando hace tiempo que no sabemos de ellos?¿ o comprásemos una tontería  que acabamos de ver en una tiendecita de barrio y es perfecta para la abuela? ¿ Qué pasaría si hiciéramos eso aunque no sea Navidad? ¿ aunque ni siquiera sea su cumpleaños?.

Eso es lo que realmente nos llena de dicha. Esas pequeñas cosas que se hacen porque sí, porque hoy es hoy, porque te escucho y sé lo que te hace feliz, porque te quiero y no hace falta que ningún calendario me lo recuerde.

A pesar de todo, FELIZ NAVIDAD.

 

Alicia Faus Fluixá

Psicóloga Especialista Coaching

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