Por la III República

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La abdicación de Don Juan Carlos I, ha abierto el debate en España sobre la forma de Estado que queremos para nuestro país. A día de hoy y según las encuestas, a pesar de que más de un 60% de españoles, se mostraría a favor de que se le consultase sobre esta cuestión mediante un referéndum, hay una mayoría que votaría a favor de mantener la Monarquía Constitucional.
La gran movilización en concentraciones y manifestaciones de los partidarios de la República, durante estos días de zozobra política, contrastan con un país que en su mayoría, sigue viendo el republicanismo como un movimiento radical y sectario, que traería a nuestro país episodios negros de nuestra historia más reciente. En absoluto comparto ese sentimiento. Ninguna de las asociaciones, sindicatos o partidos políticos que reclaman la República, hablan de imponerla y sí, de que la ciudadanía vote mediante referéndum, si quieren una jefatura del Estado democrática o hereditaria.
A pesar de esa realidad, hemos de ser sinceros los republicanos; con estos números no tenemos fuerza para reclamar una consulta pasado mañana. Ni somos mayoría frente a los defensores del actual sistema, ni tan siquiera es un clamor la reclamación de una consulta, ya que cerca de un 40% entiende que no es necesario escuchar al pueblo en este asunto. De todas maneras, estos números no nos deben de desanimar y sí encontrar nuevas fórmulas para sumar más gente a nuestra alternativa de Estado y mitigar el rechazo de aquellos que se muestran contrarios a la República.
Sin duda nuestro talón de Aquiles lo tenemos a nuestra derecha, donde el rechazo al sentimiento republicano es casi unánime, a día de hoy. Hacer pedagogía en este sentido, hacerles ver que es compatible ser conservador con ser republicano, es vital para el éxito de nuestro objetivo. También desde la izquierda, concretamente desde el PSOE, hemos de ser más claros en nuestros planteamientos y definirnos sobre cómo actuaríamos, si en el futuro hubiese una mayoría republicana en el congreso. El próximo congreso extraordinario de julio, es una buena oportunidad para dejar clara nuestra posición. Un cierre en falso sobre este tema, sería un paso más, para profundizar en la crisis de nuestra organización. Es momento de las decisiones valientes y claras.
No nos queda otra a los republicanos que seguir trabajando,  no dormirnos en los laureles,  dejar clara nuestra posición y conseguir, más pronto que tarde, acabar democráticamente con ese anacronismo llamada monarquía.
Salud y República.