Enrique Ponce vuelve a triunfar en Bilbao

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[Img #3051]Ver a Enrique Ponce en Bilbao sigue siendo un acontecimiento único en el toreo. Enrique sale a torear en Vista Alegre como si de su actuación dependiera toda la temporada. Después de tantos años y de haberlo conseguido todo en el toreo, Ponce vuelve a Bilbao y vuelve a los orígenes, a esa plaza que le impulso a lo más alto. Debe ser por eso que Ponce se muestra y se da de una forma especial en la arena negra de este coso.
Hoy ha vuelto a suceder. Ayer no hubo suerte, por eso el torero de Chiva, sin acordarse de su impresionante historia taurina, comportándose como si empezara, se ha dado entero en Bilbao. Y Bilbao lo ha sabido ver, entender y premiar. Todos menos uno, que recortó incomprensiblemente ante tan generoso despliegue torero. No se entiende.
Enrique ha estado enorme con dos toros distintos. Uno primero al que tuvo que hacer y otro con el que ha disfrutado y desplegado lo mejor de su tauromaquia.
El primero de la tarde se quedó muy corto en el capote de Ponce, metiéndose y apretando siempre para adentro. Por esa razón fue castigado con contundencia en el caballo. En la muleta comenzó con la derecha primero haciendo al toro y después atacándole un poco más y tragando a un animal que mostraba una punta de genio. Cuando se echó la muleta a la zurda le molestó el viento pero Ponce pudo con él y con un toro que embestía un poco descompuesto.
Cuando volvió a la derecha logró la mejor serie, a la que siguió otra muy buena perfectamente ligada al pase de pecho. Ya tenía el toro metido en la canasta, ya podía disfrutar. En la siguiente cambió la muleta de mano para torear al natural apoyado en los riñones, completamente encajado. Siguió toreo a compás con la derecha, con el torero abandonado, vertical y natural, con una enorme calidad. Y después adornos a dos manos antes de estropear tan excelente labor con dos pinchazos y media estocada. Fue una pena porque Ponce se tiró con fe y pinchó en hueso con tanta fuerza que hasta dobló la espada. Se esfumó la que pudo ser la primera oreja.
El cuarto lo brindó al público y comenzó con la rodilla flexionada, culminando un bonito comienzo de faena. La primera serie fue muy ligada pero molestada por el viento. Ponce lo sacó un poco más y volvió a ligar una serie muy compacta a pesar de la persistente molestia del aire.
La tercera fue igual de limpia y más templada si cabe. Cambió al natural e hilvanó una serie, pero de nuevo volvió a la derecha por donde dominaba mejor el efecto del viento y por donde volvió a subir el tono de la faena.
Pero cuando la plaza despertó del todo fue cuando Enrique flexionó la rodilla y dio dos poncinas ligadas por el derecho y una más por el izquierdo que hizo estallar la plaza. Siguió un bellísimo toreo de frente con la muleta en la zurda. Eso y el final con magníficos doblones que fueron carteles de toros llevaron hasta el infinito una faena de mucho calado. Esta vez la espada entró y el toro, aunque tardó en caer, se echó. El publico pidió la segunda oreja pero el presidente dejó el premio en una de forma incomprensible.

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