¿Qué menos?, una breve reflexión de Manu Clemente

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Manu Clemente

Allí estaba yo, San Fernando de Henares, Madrid. Un año más junto a miles de compañeras y compañeros, se dice que más de tres mil personas pasaron por allí. Hablo de la treinta y nueve edición de la Fiesta del PCE, un evento político y cultural con un bagaje y una trayectoria admirable, un espacio de ocio y formación ejemplar.

Entre otras muchas actividades, tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro “Diálogos para la confluencia”, una obra guiada por el cantaor Juan Pinilla en la que Teresa Rodríguez, de Podemos Andalucía, y Antonio Maíllo, de IU Andalucía, conversan sobre los procesos de unidad popular, además de analizar nuestros aciertos y errores colectivos. Tengo que señalar que, además de comprar el libro por considerarlo de imprescindible lectura, fue un placer escuchar a las tres ponencias: Juan Pinilla, Clara Alonso y el propio Antonio Maíllo.
Junto a todo lo mencionado, disfruté de una breve pero intensa tertulia tras la presentación con un pequeño grupo de compañeras y compañeros entre los que se encontraba el propio Antonio Maíllo. Hablamos de diferentes aspectos, desde la valía de un patrimonio tan grande como lo es este evento y lo que supone como espacio de debate y formación para tantas personas, hasta las diferentes visiones de futuro de lo que debe ser Izquierda Unida, el proyecto político fundado hace treinta años exactamente, del que formamos parte y al que le dedicamos la vida.
Uno de los análisis que más se debatió esa tarde de sábado, sobre una mesa acompañada de comida, bebida y mucho compromiso social, fue la relación que existe entre dos conceptos que entendemos que deben ir de la mano: el discurso y la acción política.
Resulta que, a lo largo de la historia en general y de los treinta años de vida de Izquierda Unida en concreto, hemos visto como más de una vez el discurso y la acción política no han ido de la mano. El paso de los años, nos ha dejado en muchas ocasiones que diferentes dirigentes políticos han mantenido un discurso rebelde, transformador, muchas veces hasta revolucionario y, sin embargo, su acción política se ha visto condicionada a aferrarse al sillón, a mantenerse en el gobierno, la mayoría de veces desde la minoría para que lo dirija otra fuerza mayoritaria, sacrificando la coherencia con un discurso y unas tesis políticas.
¿Qué ocurre entonces? Todo tiene sus consecuencias. Y más si hablamos desde el espectro político de la izquierda, que sociológicamente es muchísimo más crítico que la base social conservadora. Cuándo un cargo público lleva un discurso político que, teniendo ocasión de llevar a la práctica no lo hace o incluso lo hace al revés, automáticamente, además de ser un fraude a la honestidad, pierde toda la credibilidad.
El ejemplo más claro con el que ilustrar esta reflexión lo pondré con la participación ciudadana, ya que en la experiencia que yo vivo en primera línea lo veo mucho más de lo que me gustaría. Y no hablo sólo de cargos públicos elegidos en las urnas, hablo también de muchas personas de esas bases militantes y simpatizantes que lo apoyan.
No sé el motivo por el cual se posicionan así. No sé si es por miedo a no sacar proyectos adelante, por temor a que el resultado final no sea el planificado ya que se pueden incorporar otras aportaciones o por qué, pero desde luego, yo intentaré llevar a cabo como militante, como cargo público y como dirigente político, la coherencia de la que hablábamos en la tertulia antes citada, la concordancia entre el discurso político y su aplicación.
Siguiendo con el ejemplo de la participación plural y democrática en todos los espacios, he asumido, asumo y asumiré críticas a mi gestión, he aceptado, acepto y aceptaré con el máximo respeto todas las opiniones, las favorables y las desfavorables; pero lo que tengo claro es que si desde mis inicios en el ámbito del compromiso político y social he demandado y defendido que se permitiese participar y opinar al resto de formaciones políticas y a la ciudadanía en general, ahora que tengo la posibilidad de llevarlo a la práctica, no voy a hacer lo contrario.
Tal vez eso suponga no sacar adelante algún proyecto o suponga ejecutarlo en un porcentaje y no al completo, pero la participación democrática es eso. Estamos ahí para responder a la voluntad del pueblo, acorde a unos principios, por supuesto, pero ¿qué menos que dejar opinar y participar de la misma manera que desde la oposición siempre hemos pedido?
La misma coherencia pido a la inversa. Quienes han ninguneado la voz de la ciudadanía, de la comunidad educativa, de las asociaciones culturales, etc. Quienes han pisoteado la pluralidad política cerrando todos los órganos a la oposición y negando la información que ésta solicitaba. Quienes han gobernado y han tenido la ocasión de poner en práctica estas cosas pero no lo han hecho, ahora no pueden incorporarlos a su discurso. Ahora es tarde para que quienes disfrutaban utilizando el rodillo de la mayoría absoluta, nos den lecciones de democracia.
Mientras tanto, por nuestra parte, ¿qué menos que intentar, con todas nuestras contradicciones, aciertos y errores, mantener la coherencia entre nuestra posición teórica y nuestra acción política? ¿Qué menos que, ante un presente político tan denigrado, aportar todas nuestras fuerzas a la creación de una nueva cultura política que siente las bases de un futuro mejor? Será cuestión de agilizar espacios de debate y entendimiento entre todas las fuerzas políticas transformadoras. Será cuestión de sumar.