¿Cuál es el precio del progreso?

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Ayer nos hacíamos eco de la siguiente noticia. Sorprendente pero a su vez esperada. La eléctrica Iberdrola solicita el permiso pertinente para construir un almacén nuclear que alargue la vida, ya de por sí obsoleta central nuclear de Cofrentes.

 

Jesús Valle

Varias son las reformas necesarias que deben acometerse para evitar su amortización total fijada en 2021. El gigante eléctrico vasco  acaba de remitir al Ministerio de Industria la documentación necesaria para iniciar el estudio ambiental del silo atómico que tiene previsto construir junto al reactor nuclear porque la piscina refrigerante del combustible utilizado necesita ser vaciada.

 

¿Somos realmente conscientes los valencianos que habitamos en su área de influencia del riesgo que implica aplazar su desmantelamiento?

 

El argumento esgrimido por los potentes lobbies energéticos es paradójicamente medioambiental. Afirman que la energía nuclear es la única que puede garantizar la reducción de emisiones de dióxido de carbono al mismo tiempo que puede satisfacer la creciente demanda energética.

 

Pero ¿se están dedicando los diferentes gobiernos la dedicación necesaria en el fomento y la viabilidad de nuevas fuentes de energía, o por el contrario, se lavan las manos y aplazan el problema?

 

Desde organizaciones ecologistas, pero también desde partidos políticos orientados con espíritu ambientalista, se aboga por no dilatar más el proceso de desmantelamiento nuclear de las centrales matizando que prolongar su vida conlleva incrementar las emisiones, frenar la ya castigada I+D+i, incumplir los protocolos energéticos de reconversión renovable y lo más grave, incrementar peligrosamente el riesgo de sufrir un incidente más temprano que tarde.

 

Lejos de divagar en tecnicismos  debemos plantearnos desde  a nosotros mismos  si existe voluntad real de renunciar a nuestra comodidad sostenido en un exacerbado consumo eléctrico, o por el contrario, si estamos dispuestos a tener una vida menos tecnológica pero un planeta más sano.

 

¿Somos realmente conscientes de que manteniendo el voraz apetito consumista acabaremos con los recursos naturales del planeta? Es este el futuro mejor que queremos para generaciones venideras? ¿Merece la pena hipotecar la calidad de vida de nuestros hijos por el egoísmo humano? Yo me resisto a vivir en un mundo así y lo digo.

 

Jesús Valle Martínez

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