Un libro pone en valor la herencia gastronómica de Alcublas

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Decía el médico griego Hipócrates, quién, ni más ni menos, introdujo hace 2.500 años la ética en la medicina: “que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina”. Y de la comida, esa medicina natural de cada día, entendida como un proceso que va desde la selección de ingredientes, su elaboración, transformación, nomenclatura e ingestión, hablamos en este libro. Porque la elaboración de la comida es fruto de una cultura social particular de cada lugar donde se mezclan tradición y evolución y porque una sociedad es su economía, sus tradiciones, sus costumbres, su climatología, su geografía pero, en su sentido amplio, una sociedad también es lo que come, cómo y con qué lo elabora y como lo define.

El libro contiene casi un centenar de recetas facilitadas por una treintena de mujeres alcublanas con las particularidades lingüísticas propias de este municipio y de su comarca. Influenciadas por su pertenencia a Valencia y, sin duda alguna, por su proximidad a Castilla la Mancha y Aragón. Está estructurado a modo de calendario local, contextualizando los platós en el marco festivo y temporal correspondiente. El índice permite agrupar las recetas en bloques de arroces, platós de cuchara, aperitivos, dulces… Desde singularidades locales como la mona tapada, el sequillo, la caldera alcublana, los congretes o el rollo de almendras con cáscara… Hasta postres tan refinados como la gelatina de membrillo.

La actividad agrícola y su asociación con la climatología han tenido una importante relevancia por ser el motor económico principal. Esto se plasma en el elevado numero de vocables particulares de este ámbito, que han pasado a su vez a expresiones populares, adivinanzas, piropos, canciones, refranes y recetas de cocina, que nos dan cuenta de como la economía, en este caso la agrícola, influencia en el habla. En los más de cincuenta años que distan de la publicación de Llatas (1959) a esta, el léxico de estos territorios se ha adecuado muchísimo más a la normativa gramatical del castellano por la influencia de un mayor nivel educativo de sus vecinos, la televisión, los transportes y el avance, en general, de la comunicación. A pesar de ello, muchos de los vocablos recopilados presentan incorrecciones o barbarismes característicos de esta comarca: como el cambio del género de los sustantivos, los diminutivos formados a través del sufijo –ico y –ete; peculiaridades fonéticas (ansa), gerundios derivados del pretérito, la desinencia –amos de la primera persona de plural del preterito indefinido se sigue cambiando por –emos (plantemos, cenemos, cavemos, echemos…).

A este le siguieron: La villa de Las Alcublas en los sigos XVII y XVIII de Jose Luis Alcaide Verdés; La piedra de Alcublas de JL Alcaide; Sociedad Unión Musical Alcublana. 125 aniversario de Dolores Domingo Comeche, MªAmparo Civera Domingo y Salvador Saez Cifre; Estelas en el cielo. Alcublas, 1938 de Francisco Teruel Navarrete; Versos bajo el trillo de Ramón Gil; Estudio de la arquitectura del agua y de la arquitectura rural en Alcublas. Estudio y evaluación del paraje natural de La Solona-Barranco Lucía de Jose Luis Alcaide, María Santolaria Mañes y Francisco Teruel Navarrete; Lindes y Mojones de Miguel Fernández Aragón; Las vías pecuarias como patrimonio de La Serranía: Ramales alcublanos de la Cañada Real Aragonesa, de Francisco Gil Alcaide; El tiempo compartido. El calendario festivo de Alcublas de Jose Luis Alcaide Verdes… Entre otros. También ha permitido publicar las diferentes obras presentadas a las cuatro primeras ediciones del Certamen de Relatos Breves “Las Alcublas”. Una miscelánea narrativa cargada de recuerdos, vivencias y mucho sentimiento. Como el que desprende “El prisionero 4565: no te conocí pero te escribo” de Enrique Latorre Civera, ganador local de la edición de 2013.

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