La casa, el tejado y las urgencias de Grezzi

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Primer día de la prohibición de aparcar en el carril bus en Valencia, una medida polémica, crítica abundante, ecosistema perfecto con el que el edil Giuseppe Grezzi disfruta.

Sin bronca, sin medidas polémicas, sin esa cruzada que en aras de una movilidad sostenible que de tanto invocar van a dejar sin significado, contra los que conducimos un turismo por la ciudad parece que Grezzi no es feliz.

Estamos ante una nueva decisión del Ayuntamiento de Valencia, una nueva medida de esas que responden a un patrón muy reconocible en estos dos años. Con mucha repercusión mediática y con una pequeña dedicación económica, entre otras cosas porque el consistorio no se puede permitir inversiones de calado con la caja llena de deudas que le ha legado el PP y con las restricciones que le impone Montoro desde ese ministerio tan alejado de la calle.

Vaya por delante también que la autorización para aparcar en el carril bus de Valencia contraviene la Ley de Tráfico de 2009 en España,  que no hay ciudades de este país que hayan tomado la misma medida por ser ilegal, y que si nadie se planteó invalidar la medida en su momento  es por la enorme popularidad que tuvo. Y sí, como usuario que soy del carril bus para aparcar por la noche, lo digo, es muy, muy cómodo.

El problema es que ahora Grezzi ha empezado la casa por el tejado. Como cuando peatonalizó el entorno del Mercado Central, como cuando decidió cerrar algunos domingos la Plaza del Ayuntamiento al tráfico rodado, o ese anillo ciclista construido a toda velocidad y que en alguno de sus tramos atenta contra la lógica y el tráfico.

Y ha empezado la casa por el tejado porque no se ponen las condiciones para absorber los cientos de turismos que aparcan en el carril bus de Valencia, un jueves, viernes o sábado noche. Las líneas nocturnas aún ampliadas son escasas, sus recorridos no vertebran bien la ciudad, y además acaban el recorrido a las 2,30 horas de la madrugada. De los horarios de MetroValencia mejor no hablar. La vida nocturna de Valencia llega mucho más allá de esa hora, varias horas, las 52 semanas del año.

La red de autobús urbano y metro de que dispone Valencia es francamente deplorable en comparación a Madrid y Barcelona, que a fin de cuentas es con las ciudades con las que hay que compararse. Ni por número de líneas, ni por amplitud de horarios, ni por frecuencias tenemos en Valencia un metro ni un autobús urbano medianamente digno. Y eso no es culpa de Grezzi, ni de Joan Ribó.

Carril bus ValenciaNuestro déficit de infraestructuras de transporte en la ciudad de Valencia es un mal endémico que arrastramos desde hace tres o cuatro décadas. Y los culpables (ponga el lector el porcentaje que quiera) han sido el Gobierno de España, la Generalitat Valenciana, y el Ayuntamiento de Valencia de los últimos 30 años, y en todos han gobernado el PP, más años, y el PSOE, algunos menos pero eso no les exime de responsabilidad.

Y son culpables las tres administraciones y sus máximos responsables porque sin financiación del Estado es imposible costear una red de transporte metropolitano acorde a la tercera ciudad de España. La diferencia de inversión en metro y autobús entre Madrid, Barcelona y Valencia es tan sonrojante que en ocasiones me lleva a pensar la paciencia infinita que tenemos los valencianos con nuestros gobernantes. Evidentemente los inquilinos de la Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia tienen la misma culpa que los de la Moncloa por no reivindicar, y luchar por lo que es justo, con la malograda Rita Barberá al frente de esa lista.

Sin dinero de los Presupuestos Generales del Estado, Valencia no puede tener un transporte metropolitano acorde al tamaño de la ciudad y su cinturón de municipios colindantes. Por eso Grezzi ha empezado la casa por el tejado; esa financiación no llegará en esta legislatura, es cierto, pero eso no justifica la medida del Ayuntamiento de Valencia.

Ni las tarifas planas de los aparcamientos, ni las líneas nocturnas de bus van a paliar los efectos de este asunto. La hostelería está que trina porque calculan que perderán dinero, los taxistas aplauden porque calculan que ganarán dinero, igual que las concesionarias de los aparcamientos. ¿Y el ciudadano? Pues los que vivimos en el cap i casal lo llevaremos mejor o peor, pero no dejaremos de vivir la vida nocturna de Valencia. Otro cantar son los miles que vienen desde municipios vecinos cada semana a disfrutar de la oferta de la ciudad, que no tienen otra alternativa que coger el coche, y a los que no se lo pone fácil Grezzi.

Por cierto. La medida, aunque parezca tomada de manera precipitada cumple con los cánones de la política moderna: “toma las medidas más impopulares en los dos primeros años de legislatura, cuando lleguen las siguientes elecciones ya nadie se acordará”. Y es exactamente lo que ha hecho Compromís, porque esta misma medida, dentro de un año, le habría pasado factura electoral a Grezzi y a Ribó. Y dentro de un año el PSOE de Sandra Gómez tampoco se lo permitiría como probablemente sí habría hecho el de Joan Calabuig.

Postdata: si tanto piensan en los ciudadanos, en que no cojan sus vehículos bajo los efectos del alcohol y en su bienestar, ¿por qué en los dos últimos años la Policía Local de Valencia no hace controles de alcoholemia por los noches en Valencia?

 

Javier Ruiz – Director de ComarcalCV.com

 

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