El Centre del Carme presenta otra dimensión de la imagen fotográfica en la obra de Ana Teresa Ortega

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Ana Teresa Ortega (Alicante, 1952) fue una de las primeras artistas que desde el ámbito de la fotografía rompió, a finales de los años 80 y comienzos de los 90, con el medio fotográfico tradicional, trasladando la imagen a nuevos soportes, con sus foto-esculturas.

Este es el punto de partida de la exposición ‘Pasado y presente, la memoria y su construcción’, que presenta el Centre del Carme Cultura Contemporània hasta el 1 de diciembre. Enmarcada dentro de la convocatoria ‘Trajectòries’ del Consorci de Museus, la muestra ofrece un recorrido por la producción artística de la fotógrafa alicantina Ana Teresa Ortega, desde la década de los 90 hasta la actualidad, presentando algunos proyectos inéditos.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, acompañado por la artista Ana Teresa Ortega y el comisario de la exposición, Pep Benlloch, presentaron la exposición, a la que han asistido también los directores artísticos del Museo Universidad de Navarra, Valentín Vallhonrat y Rafael Levenfeld, donde viajará la muestra el próximo año.

Una imagen de la exposición.

Pérez Pont señaló que «esta exposición nos ofrece la oportunidad de apreciar la evolución del trabajo de Ana Teresa Ortega y reconocer sus aportaciones al contexto de la fotografía. Con ello contribuimos a completar el relato del arte contemporáneo valenciano y a visibilizar el papel de la mujer en el arte».

El director del Centre del Carme recordó que «a través de la convocatoria ‘Trajectòries’, donde se circunscribe esta muestra, estamos revisando el trabajo de artistas de larga trayectoria en nuestro territorio. El ciclo, que comenzó con la obra de Teresa Cebrián y que recientemente mostró el trabajo de Xisco Mensua, cerrará el año con la retrospectiva sobre Fuencisla Francés».

Pep Benlloch indicó que «a lo largo de los últimos treinta años Ana Teresa Ortega ha desarrollado un trabajo de gran interés constituyendo una parte fundamental del arte contemporáneo valenciano cuando hablamos de fotografía. Esta exposición nos permite observar en conjunto toda su obra, definiendo los intereses comunes a toda su trayectoria, que, no obstante, va adoptando diferentes formas y soportes, constatando en su trabajo una cierta primacía de lo conceptual y lo reflexivo sobre lo formal y lo estético», dijo.

En este sentido, Pérez Pont destacó que «las aportaciones de Ana Teresa Ortega no se circunscriben al ámbito de lo estético sino que conectan con la recuperación de la memoria histórica, gracias a sus investigaciones en el Archivo Militar de Ávila».

‘Pasado y presente, la memoria y su construcción’ presenta alrededor de 150 piezas reunidas en nueve proyectos significativos de su producción.

La artista reconoció que esta muestra le ha permitido reencontrarse con obras que no veía desde hace 15 años; «sin embargo, con otra parte de mi producción he seguido muy conectada».

Vinculada a su serie ‘Cartografías silenciadas’, que recoge los espacios (fábricas, seminarios de la Iglesia) que fueron expropiados para dedicarlos a cárceles para los represaliados tras la Guerra Civil, se presenta en esta exposición un nuevo proyecto, ‘De trabajos forzados’, con imágenes de las obras públicas realizadas por los presos desde 1937 hasta la década de los 70, para redimir su pena.

Ana Teresa Ortega explica que tanto la Iglesia como muchas empresas privadas aprovecharon estos trabajos forzosos para su propio beneficio. Asimismo, se hicieron grandes obras públicas para la reconstrucción de ciudades que habían sido devastadas, como Brunete (Madrid) o Guernica.

Discurso expositivo

En 1990, Ana Teresa Ortega presentó por primera vez sus trabajos, que denominó ‘foto-esculturas’, una serie entre la fotografía y la escultura en la que ya se pueden observar algunos elementos de su ‘modus operandi’, como las referencias a los medios de comunicación y la cultura de masas y una fuerte preocupación por el entorno social y sus efectos en el individuo, que derivará posteriormente hacia lo histórico y lo colectivo.

Según Benlloch, estas obras, que hoy en día están en la línea del arte actual pese a sumar ya 30 años, le supusieron a la artista muchas críticas al considerar este trabajo fuera de los cánones de la fotografía».

En esas obras se eluden los soportes de papel y las imágenes, tomadas directamente del entorno; los soportes pasan a ser telas emulsionadas, hierro u otros materiales y las imágenes, extraídas generalmente de la propia pantalla del televisor o recicladas de revistas o periódicos, muestran a un individuo vulnerable ante una manipulación sin límites.

Estos intereses fueron adoptando diferentes aspectos debido a la utilización de otros materiales que dieron una mayor ligereza a las obras, al ir sustituyendo el hierro y acero por metacrilatos y soportes transparentes. También introdujo nuevos elementos conceptuales para su análisis, como fueron las reflexiones de diferentes pensadores, la memoria cultural y la idea de la memoria y su construcción. ‘Figuras del exilio’ (que forma parte de la Col·lecció d’Art Contemporani de la Generalitat Valenciana), ‘La biblioteca, una metáfora del tiempo’, ‘Jardines de la memoria’ y ‘Pensadores’ representan este momento.

Esos trabajos dejan paso al siguiente gran tema de sus investigaciones, como fue su investigación sobre la memoria histórica. Tras ‘Cartografías silenciadas’ y ‘De trabajos forzados’, el recorrido continúa con ‘Lugares del saber y exilio científico’ y se cierra con otro nuevo proyecto, ‘Presencias sombrías’, un trabajo con escritores también sobre el exilio.

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