Cremà de la Falla Municipal 2017, desde las alturas

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En nuestro pertrecho en las alturas, con el león de Generali contemplándonos desde el flanco izquierdo y el majestuoso edificio de Correos al otro lado, no se nos hicieron largas -ni mucho menos- las casi dos horas que transcurrieron entre la cremà de la falla municipal infantil y la de la grande.

A un lado y a otro de nuestra privilegiada ubicación, con la mitad sur de la ciudad a nuestros pies, comenzaron a eclosionar castillos de fuegos artificiales y espesas columnas de humo por doquier, conforme las más de 380 fallas fueron cayendo pasto de las llamas.

Desde aquella altura, el espectáculo que conforma el ‘skyline’ de la ciudad de Valencia transformaba en una visión fantasmagórica su esbelta silueta urbana. Más de un director de cine querría para sí aquella escena, entre el apocalipsis y la nostalgia, como una muerte lenta y pavorosa. Y ciertamente muerte era, al languidecer las Fallas 2017 para dar paso a las de 2018.

A la una de la madrugada, un espectáculo increíble de fuego aéreo, de color y sonido impecables, dieron el pistoletazo de salida a la cremà misma de la falla municipal que, a través de sus ‘varetas’, jugó con los fogonazos dentro y fuera de su estructura para ofrecer al gentío que se agolpaba un segundo espectáculo que a todos dejó boquiabiertos. Hay que dar la enhorabuena a Manolo García y a todo el equipo que diseñó la cremà porque lo visto en la plaza del Ayuntamiento es de premio. Curiosamente la falla que hace tantos años queda fuera de concurso.

La caída de los altísimos soportes de la Falla se hizo esperar y fue paulatino, controlado y lento. Del numerosísimo público que se agolpaba en la plaza y aledaños, no se movía nadie, esperando a que el último gran bastión del monumento cayera víctima del fuego. Es tradición.

Y así se aplaudió, a rabiar, la caída de la última de las tres ‘patas’ hacia la explanada de las mascletaes. Todo como estaba previsto. Sin incidencias de ningún tipo. Impecable.

Y con ello se acabaron las Fallas 2017 y comenzaban las de 2018. A buen seguro no serán pocos los futuros monumentos que ya andan en la cabeza de los artistas falleros. No sería el primer boceto que nace el 19 de marzo en una servilleta de papel del bar de la esquina. Pero eso…, será otra historia.

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