Cien años del derrumbe del Castillo de Buñol

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[Img #2870]Muchos años han pasado desde que aquella persona dijese que el único ser que tropieza siempre en la misma piedra no es otro más que el hombre.
Es cierto que alguien dijo, que no hay que mirar nunca hacia atrás, siempre hay que mirar hacia delante.
También ha sido en la historia de la humanidad, la frase filosófica que nos dice,  e indica, que…Hay que mirar de donde vienes, saber en donde me encuentro, o donde estoy, para saber lo que hago y hacia donde voy.
Nuestra historia local, sobre el comportamiento de los habitantes  de Buñol de antaño, dice bastante sobre esto. Quizás fuese la imperiosa necesidad de tener un habitáculo más en su morada, o aquel lugar donde  poder alimentar algún animal doméstico que mejorase la propia subsistencia de su familia, de los suyos.
Lo bien cierto es que por unas u otras razones muy cuestionables y paralelamente comprensibles en el contexto de la humanidad, a raíz del comienzo de la expansión de la población y su modernización, junto al fin del sometimiento feudal, en el año 1838, dándose a su vez el comienzo de la revolución industrial, la donación del Castillo por parte de estado y el Ayuntamiento de Buñol  a los más pobres, con el objetivo de que en este fuesen construidas sus viviendas, pensando las autoridades, que de esta manera el monumento se vería conservado y protegido. Ocurrió todo lo contrario.
Los que en él se asentaron, realizaron todo tipo de adecuaciones para sus comodidades, sin que se apercibiesen que en algunos casos sus acciones, en corto periodo, resultarían perjudiciales.

Cualquier espacio servía para acomodar una familia
Se dio comienzo a todo tipo de derribos, modificaciones, tanto en el interior como en el exterior del Castillo de Buñol. En su interior, en lo que fuese la Iglesia del Salvador, lugar de culto y panteón de los primeros Condes de Buñol, Gaspar Mercader i Carroz y su esposa Violante Espluges, se asentó el dormitorio de una familia, en la capilla de la pequeña iglesia se instaló una cocina. En el centro de la nave otra familia y una cuadra y al principio de la misma otra familia que también poseía un burro. El sótano, el panteón o cripta de la familia Mercader, fue vaciado destinándolo a modo de despensa o bodega.
La torre sur, la Torreta, fue modificada introduciendo una altura interior, destruyendo el pilar o eje central de la ventana de origen árabe, con el fin de que entrase más luz, tapiando parte de esta, a la vez que se tapió la puerta original, colocando en su lugar la chimenea. Fue abierta en la parte Norte una nueva puerta precedida por unas rudimentarias escaleras exteriores. Sus almenas se cegaron uniéndolas para mejorar la techumbre. La torre vigía no fue modificada en su parte superior, sí en cambio se hizo en su pie, construyéndose un gallinero, dejando acceso de subida mediante una rampa escalera original que accedía a la parte superior del Palacio del Castillo y cuerpo de la guardia, Mustafás, Alguaciles y Milicia Nacional.
En el año 1912, un grupo de jóvenes buñolenses, conocidos por los alias, Ferro, Rebusquín, el Malagueño, Chimorro, Romerín, Sinforiano y Carámboletes y Tolose, encontraron un cañón desescombrando algunas de las casas derruidas en el hundimiento. Se trata del cañón actual que podemos ver en lo alto de la Torre Vigía, un cañón de abancarca inducido mediante fuego sobre pólvora, de aproximadamente cuatrocientos años de antigüedad. Se dice su peso es superior a los 400kg, y que aquellos jóvenes buñolenses lo colocaron en las almenas de la Torre Vigía.  
Las torres de entrada de la plaza de armas, originalmente eran de una altura mayor, pero durante las guerras carlistas, con el fin de tener una mejor movilidad los cañones defensivos, fueron derrumbadas por orden de la jefatura militar de la provincia, así como todos los árboles cercanos fueron cortados para que tras ellos no se guarneciese el enemigo.
La misma plaza, se aterró poco a poco subiendo el nivel de suelo, cortando los conductos de aguas procedentes de la Fuente de la Higuera que penetraban en el interior del Castillo por los puentes, alimentando la fuente, almazara y aljibes.
El Foso de la Noria que también proveía de agua del Barranco Pilán (Borrunes) en caso de falta de agua de la Fuente de la Higuera  fue aterrado, adecuando el habitáculo para alojar una cuadra y un gallinero. En los huecos de los puentes se construyeron cuadras, almazaras y viviendas y en las partes centrales de las dos plazas, fueron construidas numerosas casas.
Sobre las conducciones de agua, en torno a la década de los años 1960, el acueducto romano que daba paso a las aguas de entrada al Castillo, por la parte de su Atalaya, la Cava y El Huerto del Castillo, lo derribaron para construir un grupo de viviendas.
Durante el periodo de la Dictadura de Primo de Rivera, con la pasividad de las autoridades locales, el Castillo sufrió todo tipo de atropellos, hundiendo sectores del mismo para sustraer la madera, con las que se hicieron las puertas de numerosos vecinos pudientes de la población.
Tardíamente hacia los años de 1960-70, se derribó el acueducto romano junto a restos de la muralla de la misma época existente en el Foso de la Cava, que fuese el primer recinto defensivo amurallado anterior a la época musulmana, circunvalando las calles, Velázquez, Menéndez y Pelayo, Ché Guevara, Jacinto Benavente y de los Escaleretes y Huerto del Castillo, para juntarse nuevamente en la Calle Luís Vives. Con sus piedras fueron reconstruidas las almenas de la Torre Vigía.
Por otra parte, aquellos elementos útiles en la vida interior de la fortaleza como eran fuentes, aljibes o conductos de agua, fueron destruidos, tapiados o como lo encontraban natural, enterrados.
[Img #2879]Ya con varios años de antelación, en el exterior del Castillo o sus arrabales,  comenzó una construcción de casas pegadas a sus paredes, murallas, buscando la protección de éste, actuación potenciada por los habitantes de la población y descontrolada por las autoridades. Toda esta actividad aumentóa partir del año 1838, año que se hizo firme la sentencia sobre el pleito de recuperación de las tierras pueblos y Villas de la Hoya de Buñol, llamado Memorial Ajustado sobre la incorporación a la Corona, que sentenciaba a su vez al Conde de Buñol a su publicación oficial y a los pobladores de la Hoya a indemnizar a los condes con el valor actualizado de 12.000 Florines de Oro.
Tras ser entregado al pueblo el Castillo fue poblándose a la vez que sufría todo tipo de actuaciones arbitrarias y que años más tarde se demostrarían fatales.
Se dieron todo tipo de excavaciones y perforaciones en la fortificación, en sus paredes interiores y exteriores, en sus cimientos, bajo las murallas o en cualquier sector o rincón que pudiese ser aprovechado positivamente.
Todas estas circunstanciases dieron paso a que los dueños de aquellas viviendas construidas, varias de reducido tamaño, viendo la posibilidad de engrandecerlas, realizaban aquellas indiscriminadas excavaciones, que al modificar determinadas partes de la estructura, sin apercibirse que el material con que este está hecho no es mas que cal, arena viva y yeso, debilitasen todo aquello que tocaban. Los derribos, modificaciones e incluso eliminación de almenas, murallas o aspilleras constantes no dejaron duda del daño que al Castillo de Buñol se le estaba haciendo.
Bajo sus cimientos, grandes cuevas debilitaban parcialmente sus cimientos junto a la base firme de éste, ahondando peligrosamente al eliminar parte de su sostenibilidad firme bajo él, cargando peso debido a las nuevas construcciones, sin que nadie se apercibiese del peligro que esto representaba. Así pues nadie, absolutamente nadie, vio, percató  o quiso darse cuenta del  peligro que esto suponía.

[Img #2873]Primer derrumbamiento en 1872
El año 1872, siendo Alcalde de Buñol Pedro Sarthou, es importante en la historia moderna del Castillo de Buñol. Este año que se produce un primer derrumbamiento, acaecido en la Calle de  la Subida a la Cuesta del Castillo (hoy Calle Méndez Núñez) en su parte izquierda. Existía una muralla defensora del paso  encajonando la calle, que a su vez se trataba de la entrada a la población. En aquel pequeño grupo de casas fueron acometidas excavaciones en forma de cueva sin que se dejase punto de apoyo alguno, produciendo esto, dada la baja calidad de la piedra “tosca” o caliza blanda, este primer hundimiento, derribando todos los edificios de época del sector, entre las que se encontraba. No se registraron víctimas mortales, si en cambio numerosos heridos.
Lo que sucedió, no fue tomado en cuenta por los vecinos, para que otras personas, en otros sectores pegados a las murallas, limitasen sus pretensiones y no continuasen con aquellas excavaciones en forma de cueva, pero lo cierto fue que todos pretendían como mínimo tallar en la roca fácil ese lugar donde tener cuanto menos unos pocos animales domésticos u habitáculo para almacenar alimentos conservados de matanza o ese otro que sirviese de pajar almacén de alimentos para las caballerías.
En su muralla sur estaban constantemente realizando obras de este tipo. Darle espacio a la vivienda, a la cuadra, al corral, a la herrería, a cualquier habitáculo aún a costa de su propia seguridad.

La Calle Palafox
La entonces Calle de la Dula, hoy  Calle Palafox también conocida y llamada como Cuesta de la Enruná, debido a lo que en ella sucedió. Esta  era una calle estrecha formada en su parte derecha tal como subimos por casas construidas excavadas en el cinto de “tosca” que sujetaba  la muralla sur. Algunas de aquellas casas-cueva era tan inmensa que albergaba además una herrería. Entre ellas las había realizado Joaquín Ballester, conocido en época en la población con el alias de “Juaquinico el de la Cueva” que también se usaba como local de ensayo para una de las Bandas de Música de Buñol, concretamente La Lira, la Música del Feo.
Como apunte histórico, este hombre era abuelo materno de Francisco García Ballester “el Tío Paco el Feo”. La cueva era el lugar habitual de ensayo y local  de la Banda de Música que él fundase, La Lira, llamada por la fecha, “La Música de Paco Feo” y germen de la actual Sociedad Musical La Artística, “Los Feos”.
[Img #2872]El día 4 de Agosto de 1911, esta pequeña Banda de Música, de treinta y seis componentes, estuvo realizando su ensayo normal, hasta que a las doce de la noche  se diese por finalizado.
Hacia las cuatro de la madrugada se escuchó un gran ruido en las cercanías del lugar. Los vecinos de la zona, sorprendidos por el estruendo salieron de sus casas apercibiéndose de la catástrofe. Corrieron hacia la Calle de la Dula,  llamando a todos los vecinos de las inmediaciones, quienes ya se encontraban  alertados por el ruido que se produjo. Toda la población salió en auxilio y  socorro de las víctimas en apenas unos minutos.
En el Gobierno Civil y el de Valencia, fueron alertadas las autoridades confusamente. En principio se informó que se trataba del  descarrilamiento de un tren de pasajeros en la zona del Ruedo entre Buñol y Chiva, lo que hizo que rápidamente se fletase un tren con miembros de la Cruz Roja, autoridades y voluntarios, pero a medida que transcurría el tiempo llegaba información de lo verdaderamente ocurrido.
En pocas horas llegaron a Buñol equipos de salvamento, autoridades y voluntarios, procediéndose junto a los buñolenses al rescate de las víctimas y heridos.
El Alcalde, Joaquín Estellés García, organizaba los trabajos de socorro junto al resto de concejales, autoridades provinciales y de la Cruz Roja. Los ciudadanos buñolenses desescombraban sin descanso la zona en turnos rotatorios, para cuando aparecía herido o víctima bajo los escombros, eran los miembros sanitarios y de la Cruz Roja los que los que procedían a su recate del lugar.
Al final de esta ingente labor de desescombro, el número de víctimas mortales contabilizado fue de nueve, y cerca de una veintena de heridos.
La catástrofe de Buñol fue ampliamente divulgada por los medios de comunicación de la época, mediante fotografías, mostrándose la realidad de los ocurrido con todo tipo de detalles.

[Img #2876]Indemnización para los damnificados
Tras la normalización del desastre el Pleno del Ayuntamiento de Buñol de fecha de 24 de Marzo 1912 donó a  cada uno de los damnificados  un terreno “según consta en el libro de actas de sesiones del Ayuntamiento como “REGALAR” en el sitio llamado Casa Blanca” (el Secano)” situado en las Ventas, con dimensiones de seis metros de frontera por catorce de profundidad propiedad del pueblo situados en la zona del Secano en las ventas para que se construyesen sus nueva casas.
Recibieron estos terrenos: José Carrascosa Pérez, Domingo Perelló Hernández, Isabel Miguel Ballester,  Francisco García Hernández, Melitón Hernández Carrascosa, Francisco Pergil Matías y Miguel Navarro Hurtado. Así consta en una certificación del Secretario del Ayuntamiento Ricardo García Garcés, firmada a su vez por el Alcalde Fernando Galán Ferrer.

[Img #2889]Un artículo de: Miguel Sierra Galarza